Walker Evans. Actos de inteligencia.

2012.02.26

 Este artículo es del año 2000, lo digo porque cita una exposición en el MoMa, que evidentemente ya a pasado.

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

ESCRITO POR LOLA GARRIDO.

Si algo caracteriza a la obra de Walker Evans es su ansia, su sed de mirar. Su primera vocación es la de escritor. Nacido en Saint Louis (Misouri), en 1903, siendo muy joven, viaja a París para seguir estudios de literatura en la Sorbona. En la capital francesa únicamente permanece un año, que le sirve para empaparse de Flaubert, Baudelaire y de la pintura francesa.  Su vocación como fotógrafo le llega por la impresión producida al ver la obra “Chica ciega” de su compatriota Paul Strand en la célebre “Camera Work” (revista).
Fotógrafía de  Paul Strand, “Blind Woman”.

Tras regresar a su país, sus primeros compañeros son Lincoln Kirstein, Hart Crane y Ben Shahn, con los que  realiza varios trabajos, entre ellos uno sobre las mansiones victorianas de la región de Boston. Sus encargos para libros de ballet y revistas le permiten sobrevivir con su cámara.

 Entre 1935 y 1937, trabaja para el gobierno de su país en el conocido proyecto de la Farm Security Administration. Recoge todos los hombres, las casas, sus formas de vida entre Alabama, Misisipi y Carolina del Sur. Con el escritor James Agee, se embarca en el proyecto/encargo de la revista “Fortune”, del que saldrá el libro “Let us Now Praise Famous Men“, ejemplo de cómo la colaboración entre un escritor y un fotógrafo puede llegar a dar un clásico.

Walker Evans está interesado por la fotografía, tanto en el terreno práctico, como en el teórico, y así compagina sus trabajos de realizar retratos en el metro de Nueva York y en sus calles con comentarios escritos en “Time” y “Fortune”. Cuando reside y da clases en la célebre Universidad de Yale, compagina trabajos sobre las calles de Chicago y los paisajes industriales.

 Evans no quería que su trabajo se limitara a registrar unos rostros, unos paisajes o unas actitudes, sino que era partidario de ser seguro y simple en sus tomas, y esa estructura interna que tienen sus fotos, esa seguridad, incluso trascendencia, es lo que les da vida.

 Recoger la belleza de las cosas humildes y cotidianas es el triunfo más importante de la fotografía, porque es sin duda ahí donde está la clave de la mirada, en ver lo que no es evidente. Con cada fotografía ocurre lo que Wittgenstein declaraba de las palabras: el significado es el uso. Y, en ocasiones, cuando se escribe sobre la fotografía, las palabras pueden a la imagen, la perturban, la sacan de contexto, porque las palabras son menos silenciosas, son más estentóreas que la fotografía.

 Con las fotografías de Evans sucede, al igual que con las de su admirado Strand, que retraten lo que retraten le confieren humanidad, y según Sontag, la humanidad es aquella cualidad que las cosas tienen en común cuando se las ve como fotografías.

Evans está considerado el fotógrafo moderno por excelencia. Él inicia todos los grandes géneros de la fotografía actual. De hecho, en la gran exposición que actualmente se está celebrando en el MoMA neoyorquino, considerada por varios críticos como la autopsia al arte moderno del siglo XX, uno de los artistas que ocupa un lugar fundamental es él. En uno de los apartados, titulado “Walker Evans y compañía” (donde la compañía es, ni más ni menos, El Lissitzky, Josep Cornell, Miró, Dalí, Malevich y Gorky), la presencia del fotógrafo es básica. Este año, el fotógrafo ha sido reiteradamente recordado en varios museos de esa ciudad, e incluso Roberta Smith, la aguda crítica de “The New York Times”, ha escrito que el MoMA ha intentado validar a Evans como el Pollock, o el Picasso de la fotografía. Teniendo en cuenta la fuerza del museo y la de su comisario Peter Galassi, no tardaremos en ver cómo los precios de este autor se disparan en las subastas.

 Para Evans, la fotografía es un medio que él suma a las ideas, a su pensamiento: el soplo. La cámara es un útil simple y relativamente manejable. Y esta reflexión no es inocente; no es una actitud de fotógrafo. Siempre se debate entre la necesidad y el fetichismo. Pasa de un formato a otro, del negro y blanco al color, de la cámara profesional al aparato familiar, de Leica a Polaroid, porque para él sólo el resultado cuenta, y cada fotografía requiere su propia técnica. Así, sus fotografías son imágenes que producen el efecto real de un documento. Es el padre de la fotografía pura, directa, aquella que no necesita ningún otro recurso o efecto más que el de la búsqueda de la revelación inmediata de la realidad investida.

 Este sistema puede elevar a la más alta cima el objeto más banal, como esa célebre foto de los botes de cerveza en un lavabo (1968). Sus ideas progresistas se revelan en sus célebres fotos de Cuba (1933), y uno de los frescos más admirables de la historia de la fotografía es el célebre libro con Agee.

 Más tarde, sus otras series sobre el metro o la más desconocida sobre el Puente de Brooklyn, o las más audaces “Stories” fueron objeto de exposiciones en el MoMA, pero la finalidad de sus fotografías era la prensa. Sus influencias: Lewis Hine y Strand, sobre todo Atget, y el fotógrafo que supo definir los fundamentos de un cierto documentalismo que se sigue encontrando en Robert Frank, Lee Friedlander y Garry Winogrand.

“Chica en Fulton Street. Nueva York, 1929/ © MoMa.

En es ta foto “Chica en Flulton Street” está presente su habilidad para hacernos creer que los temas existían exactamente igual a cómo él los representaba, pero la aparente verdad es tanto un producto de su cámara como de su invención. No mira furtivamente, sino cara a cara. Ha recogido un gesto fugaz, y como ha seguido las instrucciones de su admirado Baudelaire, cuando dice que el artista es el amante de lo transitorio, de lo contingente. Además, la mirada de Evans  pone en la fotografía americana la sensibilidad modernista y las influencias literarias. Su obra es una crónica lúcida donde la coherencia, la complejidad y convicción son sensibles en cada una de sus imágenes. Sus fotografías son actos de inteligencia, productos del pensamiento.

 

2 comments

  1. […] sus retratos y aportaciones al mundo de la moda (un mundo que me apasiona igualmente). Robert Capa, Evans Walker, W.Eugene Smith y Eisenstaedt, por su aportación al reportaje histórico y, por último, Karl Hugo […]

  2. […] fotógrafo estadounidense Walker Evans amasó una de las mayores colecciones de postales del siglo […]

Deja un comentario