Chema Madoz. La belleza de la confusión.

2012.04.05

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

ESCRITO POR LOLA GARRIDO.

CHEMA MADOZ: http://www.chemamadoz.com/

BORRAR LAS FRONTERAS, establecer nuevos códigos, romper con lo útil, hacer visibles los sueños y romper las reglas establecidas es una de las posibilidades del arte. Seguros de nosotros, nombramos y reconocemos las cosas porque anteriormente otros les dieron nombres.
Chema Madoz reconvierte los objetos para ofrecérnoslos nuevos a nuestros ojos. Si tienen algo en común es su inutilidad después de que hayan sido reciclados. Puede que Chema Madoz sea un fotógrafo puro, un neosurrealista o un artista conceptual, pero de lo que no cabe duda es que es un artista fronterizo, un irónico sin cinismo que recoge varios estilos para mezclarlos con su fantasía y convocar a la gente entre las orillas. Realidad e irrealidad son su juego; ambigüedad y belleza su resultado.
Existen objetos que por su excesiva presencia ya no los vemos, se nos presentan demasiado obvios, demasiado cotidianos. Este fotógrafo, con cosas comúnes crea esculturas, demostrando que la verdad entera siempre genera un exceso, una situación que con violencia resume todo, acerca de cualquier cosa Las cosas no son como son, sino como nosotros las vemos o como nos las hacen ver. Lo auténtico raramente es verdad y raramente existe. lnventamos y soñamos para vivir. El inventar, el repensar objetos son actos que devienen gestos para desmentir lo que simplemente existe.
La banalización de las cosas, el sinsentido de muchos de ellos, está presente en la obra de Madoz. Unos zapatos cuyos cordones entrelazados nos remiten a una broma recurrente se convierten en un objeto con un sentido metafórico repleto de ironía. Estos zapatos no sirven para caminar; son algo fetichista, algo que ha perdido su esencia cotidiana para pasar al status de lo artístico. Lo mismo pueden convertirse en una escultura y colocarse sobre una peana que ser retrato de una presencia inquietante por la pérdida de su utilidad.
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Son “ready-mades” que invocan el caos, así como una cierta melancolía, una manipulación implícita y un adelantamiento humorístico a la conocida teoría científica de las catástrofes, además de furor estético. El mundo está despojado, los seres humanos han devenido zombies imposibles de discernir por la sobresaturación de información con la que son bombardeados. Rodeados de cosas, desposeídos de sí mismos y huérfanos de proyecto, se refugian en una acumulación de cosas conocidas que les lleva hasta los límites del aburrimiento. Madoz, como un mago, trastroca lo conocido en impensable. En la obra de este artista existe una metáfora descarnada de la separación y el distanciamiento. La oposición entre la teatralidad de los objetos y el naturalismo con el que están representados se hace patente, provocando una sugestión que pasa por la interpretación subjetiva de estar errados en nuestras apreciaciones.
La imagen que vemos ha sido fabricada por el artista con anterioridad; su eficacia procede de su presencia instintiva en el mundo. La influencia del posmodernismo se hace patente, así como la ironía distanciada y elegante que enlaza con las naturalezas muertas tanto del Man Ray dadaísta como del Karl Blossfeldt de la nueva objetividad.
Me gusta la obra de Madoz porque está entroncada con la de los escultores que se aventuran a construir objetos que no son necesarios para que ocupen un lugar de privilegio en nuestras cabezas, quedándose en el sitio donde está ubicada la emoción. Es una obra como la de los carpinteros para el espíritu, como la de los albañiles de sueños imposibles, la de esos buzos que se sumergen una y otra vez en las aguas oscuras de nuestras memorias.
Sobre la piel del paraíso existe un infierno. Los fragmentos de las cosas que Madoz retrata son, en ocasiones, retratos de nuestras incertidumbres interiores. Se trata de encuadrar lo imaginario. De hacer posible la mirada que se hace anterior a lo visto. Las imágenes se fijan para siempre o no se fijan jamás. Cuando la iconografía del sueño se encuentra es para siempre.
Nos queda lo mirado; estamos solos con nuestra mirada. Se vive como se sueña: solos. Teatro no figurativo, luz final, retratos y conflictos anteriores. Mostrar al mismo tiempo lo que es y no es. lmágenes que son de objetos que no existen. Poemas escénicos. Objetos inestables y precisos como el mercurio. Imágenes que bullen, que se han creído ver. Juegos de niños, aquéllos que jamás debimos abandonar.
La persistencia retiniana es un asunto del ojo y no del creador. lnsistir en desmontar lo obvio para hallar lo no evidente.
Denunciar las grandes mascaradas; lo permanente y lo útil están en crisis. Transmitir el gesto, no el objeto. Dibujar algunos contornos que no están y que faltan. Trastrocar lo que existe; cambiar, derrotar lo útil; denunciar lo necesario; captar lo inexistente… Mostrar lo que nunca fue dicho.
En la obra de Madoz existe un universo borgiano, una cartografía en la que cabe todo, un sentido kafkiano de libros que son muros contra los que chocamos al despertar. Peces que son navajas plateadas como el lomo de una sardina, huevos que quiebran los recipientes, gotas de hojalata sobre el lago, y un mundo que no necesita ser fiel a nada ni a nadie; un universo por el que transita, dejándonos ver otras cosas que la banalidad de lo cotidiano.
En la obra de Madoz, como en la de todo buen artista, está implícita la naturaleza. Y esta naturaleza está escrita con imaginación, reinventada por su cerebro y fotografía por su corazón. Para él, la fotografía es un territorio virgen en el que explorar. Sigue y respeta un principio sagrado: hacer de su trabajo el placer primordial de inventar.
Cuando el dedo señala la luna, el imbécil mira el dedo. En ocasiones tiene razón, es el dedo lo que importa: la luna está ahí todos los días; el dedo casi nunca es el mismo.
 

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