El enigma de Verónica Lake.

2012.05.23

TEXTO LITERAL DE LA PUBLICACIÓN EL PAÍS SEMANAL: http://www.elpais.com/suple/eps

Todas las mujeres tienen secretos, decía una de sus más célebres películas. Pero los suyos marcaron una época y, seis décadas después, la convierten en el mayor icono de la temporada.

POR INÉS MUÑOZ MARTÍNEZ-MORA. FOTOGRAFÍA DE  EUGENE ROBERT RICHEE.

La dualidad femenina llevada al extremo, así era Veronica Lake, buque insignia de la Paramount durante los años cuarenta, época dorada del glamour en blanco y negro. Amenazante pero fascinante, sexy pero elegante, gélida pero carnal y de una belleza clásica pero intrigante… Lilith y Eva. Encarnó a la femme fatale dentro de la pantalla. Fuera, la fatalidad la marcó a ella. Acabó sus días alcoholizada, arruinada y olvidada. Murió a los 53 años y nadie quiso hacerse cargo de sus cenizas. Hasta este año, porque las últimas tendencias en belleza reclaman su ultrafeminidad encumbrada por el cine y de las cenizas de la diva han hecho resurgir con fuerza su tez pálida, sus cejas arqueadas, sus ojos ahumados, la jugosidad de su rouge labial y, sobre todo, su mítico peinado de ondas al agua -peek-a-boo-bang-, que no hacía sino acentuar tanta ambigüedad. Un arreglo capilar que causó furor entre sus algo más terrenales contemporáneas, entonces en fábricas por falta de mano de obra masculina. Muchas de esas ondas quedaron enganchadas en los engranajes de la maquinaria pesada y la emulación se elevó a problema de alcance nacional. El gobierno estadounidense acabó pidiéndole de manera oficial a la actriz que cambiará de peinado.

 

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