La diosa del amor. Rita Hayworth.

2012.06.14

TEXTO LITERAL DE PUBLICACIÓN TDLUX: http://www.dtlux.com

FUE UNA DE LAS GRANDES ESTRELLAS DE LA EDAD DORADA DE HOLLYWOOD: LA MÁS ELEGANTE, LA MÁS DESEADA… LA MÁS PINTADA EN EL FUSELAJE DE LOS AVIONES DE LA II GUERRA MUNDIAL. 25 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE, RECORDAMOS A LA PRIMERA MUJER LATINA QUE SEDUJO AL MUNDO ENTERO.

Familia Cansino: su padre Eduardo Cansino, madre Volga Hayworth y hermano Eduardo Jr.Cansino.

En 1931, con sólo 13 años, aquella noeryorquina llamada Margarita Carmen Cansino, hija de un bailarín español de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) y una showgirl de origen irlandés e italiano, Volga Hayworth, comenzó su carrera artística. Lo hizo bailando junto a su padre en el espectáculo “The Dancing Cansinos”. Su familia se había trasladado cinco años antes a Hollywood, donde montaron su propio estudio de danza. Como Rita no tenía la edad mínima para trabajar en bares y clubes nocturnos, ella y su padre cruzaron a México y comenzaron a actuar en locales de Tijuana. Paradójicamente, fue allí donde el cine la descubrió, encarnado en Winfield Sheehan, vicepresidente de la Fox Film, quien la llevó a sus estudios para hacer una prueba de voz e imagen. Fue una suerte para Rita, quien anhelaba cambiar de actividad. “No me gustaba mucho la danza, pero no tenía el valor de decírselo a mi padre. Cuando tenía solo tres años y medio, tan pronto como pude ponerme de pie, empecé con las lecciones de baile. Ensayo, ensayo… En eso consistió mi infancia”, reconoció la propia Rita muchos años más tarde.

 UNA NUEVA ESTRELLA. Firmó contrato con la Fox y a los 16 años hizo su debut en la cinta de serie B “La nave de Satanás” (1935). Participó en varias películas de poca monta como actriz de reparto, muchas veces bailando y a los 18, ya casada con el empresario Edward Judson, quien se convirtió en su agente, dio el salto a Columbia Pictures. La productora necesitaba un gran potencial, pero hacía falta ‘deslatinizarla’ para convertirla en una estrella. Así, comenzó a usar el apellido de su madre y se tiñó el pelo de rojo —su color real era negro—; pero su estrecha frente, con aquel nacimiento del pelo tan cercano a las cejas que lucía, delataba sus orígenes. ¿La solución? Sesiones de electrodepilación. Entonces terriblemente dolorosas, pero eficaces: le ampliaron la frente y acentuaron su pico de viuda.

Tras algunas películas discretas, llegó por fin su primer éxito: “Solo los ángeles tienen alas” (1939), protagonizada por Cary Grant. Aunque el papel de Rita fue secundario, los críticos se fijaron en ella y los fans inundaron su buzón de cartas. Para avivar su estrella, la Columbia comenzó a otorgarle papeles más importantes, en cintas como “La dama en cuestión” (1940), e incluso la ‘prestó’ a otros estudios, conscientes de que cuando retornara a ellos habría multiplicado su valor como reclamo. Así, rodó “Susana y Dios” (1940) con Metro Goldwyn-Mayer, “La pelirroja” (1941) con Warner y “Sangre y arena” (1941) con la 20th Century Fox. Fue esta última la que marcó el inicio de su brillante carrera en papeles de mujer seductora.

De vuelta a la Columbia, formó tándem protagonista con Fred Astaire en las taquilleras “Desde aquel beso” (1941) y “Bailando nace el amor” (1942), en las que pudo exhibir el fruto de sus largos años como bailarina. Su presencia en cartel se convirtió en sinónimo de ingresos millonarios y se erigió en la reina del estudio. El propio Frank Sinatra lo sintetizó a la perfección: “Rita Hayworth es la Columbia”.

A la derecha arriba en “Las modelos” (1944), en este filme, la voz de Rita en las canciones no era la suya. Abajo a la izquierda en “Desde aquel Beso” (1941), su primer trabajo con Fred Astaire. Abajo a la derecha en “Bailando nace el amor” (1942), de todas las películas que rodó, su favorita.

Pese a su timidez e inseguridad en la vida real, cuando Rita aparecía en pantalla ostentaba una presencia escénica imponente, elegante y sexy al mismo tiempo. La cámara la adoraba: desde cualquier ángulo que la enfocara salía deslumbrante. Su fotografía, recortada de las revistas, acompaño a las tropas americanas en todos los frentes durante la Segunda Guerra Mundial y, de vuelta en su país, los soldados llenaron las salas de cine para ver a su ídolo en movimiento.

‘GILDA’, EL MITO. Rita se hallaba en su mejor momento cuando rodó la cinta que la elevaría al olimpo de las estrellas de Hollywood y la convertiría en icono sexual: “Gilda” (1946), una joya del cine negro dirigida por Charles Vidor. En la retina de quienes la ven, que dan siempre dos escenas protagonizadas por Rita. Una es su sensual interpretación de la canción “Put the blane on name”, con streptease de guante incluido; la otra, la bofetada que recibe de Glenn Ford —aunque Rita le había seducido antes a él y no era manca: en el ensayo le partió dos dientes a Ford con uno de sus golpes—.

Aquella película fue un escándalo en varios países. En España, la Iglesia la consideró “gravemente peligrosa” por la mencionada escena del guante. La fama de Rita alcanzó tal nivel que colocaron su imagen en una de las bombas atómicas de prueba que E.E.U.U. arrojó sobre el Atolón Bikini, algo que molestó mucho a la actriz, pacifista proclamada.

AUTÉNTICA PRINCESA. Tras divorciarse de sus primer marido en 1942, cansada de sus malos tratos, contrajo matrimonio con el popular cineasta Orson Walles. Según algunas fuentes, le confesó a este dos secretos: que su padre, otro maltratador, abusó sexualmente de ella cuando era niña y de que odiaba ser actriz.

Lo que Rita realmente quería era ser una esposa tradicional, formar un hogar y llevar una vida tranquila, lejos de los focos y el extenuante ritmo de Hollywood. Sin embargo, jamás halló a un hombre que la amara como ella deseaba. De esa frustración brotó su frase más famosa: “Todos los hombre que conozco se acuestan con Gilda, pero se despiertan con migo”.

Welles, probablemente el marido del que más enamorada estuvo, se arrepintió pronto de haberse casado con ella; la veía como un estorbo que le restaba e interfería en su estilo de vida. “Las mujeres son idiotas en general, pero ella era la más idióta de todas”. llegó a asegurar el cineasta.

En 1949, descubrió la manera de huir de Hollywood, a través del príncipe persa de Ali Khan, playboy y lider religioso, con quien se casó en boda exageradamente lujosa —llenaron una piscina con 800 litros de colonia, entre otros derroches—. Fue Rita y no Grace Kelly la primera estrella de cine que se convirtió en princesa. sin embargo, el matrimonio solo duró dos años debido a las continuas infidelidades de él.

LA ÚLTIMA ETAPA. Rita probaría suerte en el matrimonio dos veces más, con el actor Dick Haymes y con el director James Hill, pero nunca abandonó su carrera como actriz y siguió rodando títulos notables: “Los amores de Carmen” (1948) y ” La dama de trinidad” (1952), ambos con Glenn Ford; “Pal Joey” (1958, junto a Burt Lancaster; “El fabuloso mundo del circo” (1964), con John Wayne y Claudia Cardinale

En los años 60, su salud e imagen se deterioraron visiblemente. Algunos creyeron que, al igual que su madre, había caído en el alcoholismo; en realidad sufría Alzheimer, una enfermedad desconocida en aquella época. Sus capacidades mentales fueron mermando progresivamente hasta que fue incapaz de memorizar los guiones.

En 1987, con 68 años, fallecía Rita Hayworth, la reina de los años 40, aquella mujer infeliz y deslumbrante a la que el público apodó, merecidamente, La diosa del amor.

 

2 comments

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