Takashi Murakami.

2012.07.27

TEXTO DE REVISTA VIEW OF THE TIMES: http://www.viewofthetimes.com/

FOTOGRAFÍAS DE ANTONIO MACARRO: http://www.antoniomacarrostudio.com

TAKASHI MURAKAMI: http://www.takashimurakami.com/

ESCRITO POR JOSÉ GANGA.

 Este artículo no está completo porque está escrito en el 2009, cuando Murakami hizo una exposición en el museo Guggenheim de Bilbao. Hablar de una exposición ya pasada no tenía mucho sentido.

Takashi Murakami es uno de los artistas que más vende en la actualidad. Su nombre está asociado a marcas de lujo, como Louis Vuitton. Y con la genialidad. Pinta, esculpe y genera merchandising a partes iguales.

Casi se podría componer un texto sin cruzar media palabra con el artista. Únicamente con las informaciones y comentarios aparecidos en todos los medios habidos y por haber.

La afluencia de prensa ante la presencia de Mr. Murakami es considerable y nos ha asignado turnos. Cada medio cuenta con unos escritos veinte minutos para charlar con el gran Takashi. Llegado nuestro momento, en la sala presidida por una mesa de madera de unos tres metros por tres metros cuadrados, debaten en japonés y entre risas Murakami, la asistente del artista, Marika, y la traductora. Marika, su asistente personal, es una estilosa japonesa con lentillas azules y pelo azabache que le coloca bien la camisa antes de las fotos. Por su parte, Murakami habla con los ojos cerrados (ojos que se encuentran bajo unas gafas redondas y doradas) y bebe té compulsivamente. Marika sonríe y asiente tras cada comentario y se afana por dejar constancia con su cámara digital de todos detalles del encuentro con la prensa. Parece que está ablando de restaurantes o eso es lo que asegura Marika cuando se le pregunta.

¿Que decir de Murakami que no se haya dicho ya? ¿Como arrojar más luz sobre uno de los artistas más mediáticos de la actualidad? ¿Del mundialmente conocido como el “Andy Warhol japonés”? ¿Del colaborador de Luis Vuitton, y juez y parte de lo que el todopoderoso crítico de arte Fermando Castro Flórez se ha afanado en denominar (no sin razón) como “la Santísima Trinidad de la era de la Demolición post-traumática”, que completan, además del japonés, Jeff Koons y Damian Hirst?

Takashi Murakami nació en Tokio en 1962. Estudió en la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio. En 1993 crea su alter ego Mr. Dob y comienza a ser reconocido dentro y fuera de Japón. Comenzó a hacer arte durante el auge económico que vivió el país a finales de la década de 1980 y pese al estallido de la burbuja, consiguió mantener su “factoría” intacta y lo que es más importante, rentable. Ante la pregunta de por qué decidió dedicarse al arte contemporáneo su respuesta parece honesta: “Sinceramente no me iba mucho eso de estudiar, me gustaba más dibujar”. Procedente del mundo del anime asegura estar preparando un largometraje de animación, después de sus coqueteos con la publicidad, las piezas de videoarte y los videosclips: “Quería hacer animación pero yo no tenía talento para crear dibujos. Ahora me siento más preparado. Estoy preparando un largometraje sobre Kaika y Kiki. Murakami reside actualmente en Tokio, aunque cuenta con un estudio de dimensiones proporcionales a su éxito en Nueva York. La razón de este desdoblamiento es bien sencilla: “La comida en Nueva York es muy mala, en Tokio, no”. Reparte la enorme maquinaria de producción de su marca registrada entre una ciudad y otra, y encuentra una diferencia entre el arte asiático y arte europeo o americano: “El arte occidental lo relaciono con la sangre. Supongo que tiene que ver con la comida. En occidente se come mucha carne y en Japón, aunque cada vez más la gente está más abierta a la carne, tenemos una cultura culinaria mucho más de pescado”.

Su contacto con ambos mundo, con el oriental y el occidental, le ha supuesto una buena reputación y sobre todo, alguna que otra suculenta colaboración. Desde el rapero Kanye West a Louis Vuitton, marca para la que ha diseñado toda una línea de complementos. El affair con la casa de alta costura francesa fue, según el propio Marakami, algo totalmente casual. “Un amigo común le pasó a Marc Jacobs mi mail y él me propuso colaborar, así surgió todo”.

El dinero no parece ser un problema para Murakami, que lo mismo produce un bolso Monogram, que un llavero o una escultura de siete metros de alto llamada “Mr. Pointy y los cuatro guardianes”. Él, por el momento, contribuye a que el mercado de arte fluya con inversión propia. “Me gusta coleccionar arte para saber qué sienten aquellos que compran mis obras. Busco el sentimiento del coleccionista”. Afirma que le interesan las obras de jóvenes artistas europeos, aunque justo en este instante tiene un lapsus y no consigue recordar ninguno de los nombres de su colección privada con la que comenzó hace ya algún tiempo.

Conocedor de la cultura y la tradición española, de nuestro país le interesa especialmente un aspecto: “Me encanta observar cómo España en un momento determinado fue una gran potencia y cómo esa gran influencia ha ido evolucionando de manera diferente en cada uno de los países y ha tomado caminos distintos. En general es algo que me resulta muy llamativo, cómo las instituciones permanecen y se desarrollan a lo largo del tiempo. En ese sentido Louis Vuittón es un buen exponente. Nació hace más de cien años y ha sufrido unos procesos, una transformación muy interesante bajo mi punto de vista”. Hay otro aspecto de nuestra cultura que llama poderosamente la atención de Murakami. Hombre con un paladar donde los haya, España le parece un buen lugar para ejercitarlo.

 

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