Una mujer italiana. Monica Bellucci.

2012.10.06

TEXTO LITERAL DE LA PUBLICACIÓN GQ: http://www.revistagq.com/

FOTÓGRAFO VINCENT PETERS: http://vincentpetersphotography.com/

ESCRITO POR IVAN ZAZZARONI.

Hay una parte del texto que no he copiado porque se habla de la última película que realizó cuando se hizo esta entrevista en el 2011. Realizando esto, la entrevista es atemporal.

“Hola, soy Monica Bellucci, quería saber si podríamos vernos mañana”. Cuando uno recibe una llamada así, la verdad es que le alegra el día. Luego quedas con ella para hablar de su último estreno y de los tópicos italianos y, claro, te sientes como un diabético encerrado dentro de una pastelería. Ella vive en París y viaja por medio mundo, pero no duda en hablar sin tapujos de su patria. “Somos un país de talentos: en la música, en la medicina, en la moda, en el cine, en el arte en general… pero también de continuos bloqueos e interferencias. Y de prejuicios. Un día alguien tendrá que explicar por qué un italiano necesita irse al extranjero para triunfar y más tarde regresar para que se le reconozca”. Bueno, nosotros nunca hemos dudado de ti, Monica.

Le leo a Monica una cita de una joven escritora: “Las feas no conocen sus propios deseos, sólo aquellos que pueden permitirse”. Ella calla durante unos segundos y comenta: “Piensa en todas esas mujeres hermosas que afirman que la belleza es una maldición. Yo, sin embargo, considero que es un privilegio. Me siento estupendamente siendo guapa”

CONQUISTADORA. Coppola, Risi, Tornatore, Spike Lee, Zeffirelli, Terry Gilliam… Muchos son los directores que han caído rendidos a sus encantos.

ES LA BELLEZA italiana por excelencia, heredera de un canon que nos permite a Claudia Cardinale o Sofía Loren. Sin embargo, está casada con un francés y vive en París (algo que le aparenta más, curiosamente, con alguien como Carla Bruni, otro tipo de belleza italiana). Así que hemos quedado con ella para hablar un poco de Italia y lo italiano, un país —el suyo— repleto de contrastes que exporta constantes referentes internacionales en moda, gastronomía o cultura, pero que no acaba de sentirse a gusto con su propia identidad. “A veces pienso que los italianos no nos, merecemos todo lo que hemos heredado”, comenta. ¿Y qué decir de ella? No puede ser descrita con palabras, así que mejor lo dejaré a vuestra imaginación.

¿Conoces a Mariapia Veladiano? Es una joven escritora que acaba de ganar el premio Italo Calvino. Quiero leerte un texto suyo: “Las feas no conocen sus propios deseos, sólo aquellos que pueden permitirse”. ¿Que opinas? ¿Y eso lo ha escrito una mujer? [Permanece callada un instante]. Curioso. Parece como si las guapas tuvieran a su disposición un punto de vista superior, una visión de conjunto mayor.
¿No crees que sea así? No lo sé. Lo que me viene a la cabeza ahora son todas esas mujeres guapas que afirman que la belleza es una maldición. Yo, en cambio, considero que es un privilegio. Me siento estupendamente siendo guapa.
¿Es más fácil echar de menos un país como Italia desde la lejanía de París? Yo lo hago desde París o desde cualquier otro lugar del mundo en el que me encuentre. Francia no es el punto de partida ni el centro de mi existencia; ni siquiera he pasado allí un año entero… Con mi tierra, en cambio, tengo un fuerte vínculo. Algo pasional. Por este motivo vuelvo cada vez que puedo. He dado a luz dos veces y ambas he querido que fueran en Italia. ¡Será la llamada de las raíces! Mismo hospital, mismo médico, mismo anestesista, mismo equipo… Siempre en el Fatebenefratelli de Roma. Soy la única italiana que tiene fe en su sistema de sanidad [risas]. La verdad es que mis compatriotas andan bastante desanimados, les falta confianza.
¿Es el sistema? Más que en el sistema, en el ser humano en general. No se fían de sus semejantes. Para el italiano los políticos son siempre ladrones; injustos o pocos objetivos; y los que consiguen llegar hasta arriba, simples enchufados.

MUJER. En 1999, Mónica se casó con el actor Vincent Cassel, a quien conoció en el rodaje de la película “El apartamento”.
Italia está por todas partes y, sin embargo no deja de ser un país muy joven. Hace un par de meses, se celebró —y no sin cierta polémica— el 150º aniversario de la Unificación Italiana. ¿Eres partidaria de este tipo de cosas? Creo que es necesario celebrar esa fecha, aunque me temo que estamos yendo justo en la dirección opuesta. Ni siquiera hemos sido capaces, en estos 150 años de unir el norte y el sur.
¿Te refieres al federalismo? En Italia hay un norte y un sur. En todo. Somos un país relativamente pequeño y aun así muy desunido. Yo vengo de un pequeño pueblo de provincia e incluso en mi lugar de origen también existe un norte y un sur que pocas veces coinciden.
Tú, sin embargo, resides en Francia, la cuna de centralismo… Allí, el norte y el sur son dos caras de la misma moneda. Los galos cultivan el orgullo nacional, los italianos no. Tienen una solidez diferente. Están convencidos de poder determinar su existencia y todavía creen en la política. Repiten que ellos supieron cortar la cabeza a su rey y que los derechos del hombre nacieron gracias a eso. Ante la ausencia de amor patrio sigo prefiriendo su chovinismo. los italianos somos capaces de sobrevivir a nuestro país, pero no sabemos vivir a gusto. Norte y sur, cerebro y corazón tienen que poder ir de la mano. Lo que más me fascina del sur de Italia es que las historias más bellas, las que hemos exportado a todo el mundo, provienen de allí precisamente.

“Los italianos somos capaces de sobrevivir a nuestro país, pero no sabemos vivirlo bien. Estamos acomplejados. A veces pienso que no nos merecemos todo lo que hemos creado o siquiera heredado. Para nosotros, los políticos siempre son ladrones; los jueces, injustos; y los que llegan hasta arriba, simples enchufados”.

DECIDO SACAR más apuntes y leerle a Monica una cita de otro escritor italiano, Paolo de Sorrentino: “El mundo se divide en dos partes. Como una manzana que se parte por la mitad. Una serie de naciones encuentran el lado de la semilla y comienzan a producir siderurgia, cultivos y miles de hectáreas… en fin, lo que sea. ¿Y la otra mitad? ¿Que hace…?” Ahora llega el momento en que Sorrentino critica el alma italiana, así que tomo aliento y continúo leyendo:”… Toma la mitad de la manzana y se la come. No da ni golpe en todo el día. Italia es un digno miembro de esta segunda categoría. No quiere trabajar. ¿Y qué hace entonces? Se pega al teléfono, se reúne en los pasillos, chismorrea en la trastienda, se atiborra de cócteles y canapés. Está condenada al pataleo…”. Bellucci me interrumpe justo en ese momento. “A mi también me encanta parlotear, como buena italiana, pero no me como la otra mitad de la manzana. Trabajo para crecer, mejorar y perfeccionarme. Lo que has leído me parece un juicio muy poco generoso.

MADRE. Monica tiene dos hijas: Deba, y Lèonie, nacida en 2010.

¿Cuál es entonces tu visión? ¿Qué tienes que decir al respecto? Italia es un país repleto de talento. Lo puedes ver en la música, en la medicina, en la moda, en el cine, en el arte en general… Sin embargo, también es un lugar repleto de bloqueos e interferencias. Y de prejuicios. Un día alguien tendrá que explicar por qué un italiano con talento necesita irse al extranjero para triunfar y más tarde regresar para que la reconozca.
Ponme un ejemplo. Cuando trabajaba en la moda, había poquísimos fotógrafos italianos; y los mejores, sólo conseguían hacer portadas de Vogue Italia después de haber firmado decenas en EE UU o Francia.
¿Y que hay de tu carrera como actriz? Te ocurrió algo parecido? Empecé como modelo y, obviamente, viajé mucho. Al final, probé en París. Me busqué un agente y me abrí camino poco a poco. Me gustaba el cine francés y yo gustaba al cine francés. He trabajado también en otros países y por supuesto en mi querida Italia, donde cada vez se rueda menos películas pero donde también se ruedan obras maestras inolvidables.
Así que el italiano debe seguir emigrando. Actualmente la tendencia a marcharse de Italia, sobre todo entre los jóvenes, es una señal de crisis, porque no se prevé que tengan intención de regresar.
¿Como solucionarías tú este problema? Tenemos que buscar una segunda unidad. Puede ser un proceso arduo, pero es indispensable. Los italianos son grandes, ¡somos grandes! De algo estoy segura, todavía hoy en el extranjero nos saludan con una sonrisa.
Sonreírte a ti no es difícil… Hablo enserio. Antes sabíamos vivir mejor. ¿Quieres una cita?
¡Venga! Séneca escribió: “No es necesario conservar la vida, pues lo importante no es vivir mucho, sino vivir bien”. Los antiguos sabían como hacerlo.
¡Dios mío! Se me acaba el tiempo y no he podido hablar contigo de estos temas: la seducción, el glamour, los años que pasan, los retoques, Carla Bruni, tus hijos, el “maldito” Vincent Cassel..? ¡Pobre! Y tampoco hemos hablado de la mujer, sobre todo de mis compatriotas. He hablado a menudo de ellas y siempre de forma positiva.

Entonces, sólo podemos terminar esta entrevista así; “Viva Italia y viva la mujer italiana!”

 

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