David Bailey. Con el nació el cool.

2012.11.03

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA VOUE ESPAÑA: http://www.vogue.es/

ESCRITO POR BLANCA LACASA.

Este artículo esta escrito en el año 2005, pero eso no importa porque nos ayuda a conocer mejor al fotógrafo. Merece la pena leerlo.

Ex marido de Catherine Denauve, autor de algunas de las fotos de moda del siglo, inspiración de Blow-up, el genial David Bailey publica libro de desnudos.

Eran otros tiempos. Los fotógrafos de moda eran tan estrellas como las modelos, los diseñadores o los que transitaban por el séptimo arte; a veces incluso más. Ocupaban tanto sitio en los tabloides sensacionalistas como cualquier miembro del start system; eran tan perseguidos por los paparazzi como los que posaban para ellos. Cazadores cazados. Irving Penn, Helmut Newton, Richard Avedon, Guy Bourdin o… David Bailey «gente guapa». No eran simples testigos que apuntaban sus objetivos para inmortalizar rostros, cuerpos o vestidos. No. Eran parte y parte del fashion biz. David Bailey (Londres, 1938) quizá sea el mejor ejemplo de esa raza de fotógrafos.

↑ UN HABANO EN LA HABANA. Fotografía tomada por David Bailey en La Habana en el año 2004.

Moviéndose entre estrellas de rock (amigo íntimo de la rock start por excelencia: Mick Jagger), casándose con divas del cine (su boda con Catherine Deneuve fue sonada: ella de negro y fumando y él en jeans) o viendo sus affaires sentimentales aireados por la prensa del momento (tenía fama de seducir a sus modelos), Bailey se convirtió en el abanderado de esos fotógrafos que asumían el way of life de celebrities a las que retrataban. Y lo hizo tan bien que sirvió al mismísimo Antonioni como fuente de inspiración inintencionada para Blow-up —película que todo moderno, intelectual o personaje que quiera ser algo en el mundo de lo fashion ha de haber visto y, más aún, apreciado—. David —quien por supuesto no se llamaba así, pero ya se sabe como es esto: los mentideros son los mentideros y no era tan difícil que todos supieran el who is who del filme—, no salía muy bien parado: arrogante, vanidoso, pretencioso y caótico. Parece que la película le trajo no pocos problemas. ¿Quién demonios querría trabajar con un tipo así? «No odio Blow-up, sólo me parece una película aburrida. Me aburre Antonioni, prefiero a Fellini o a Visconti».

COMO UNA PRINCESA. Una producción de moda realizada por el británico para Vanity Fair, publicada en 2005.

Harto de preguntas sobre su pasado, Bailey contesta entre el cansancio y la ironía. Su parquedad grita a los cuatro vientos que cualquier cosa es preferible al ejercicio de nostalgia que toda entrevista conlleva. Se resiste a hablar de unos años dorados en los que parecía que sus relaciones sentimentales eran más importantes e interesantes que su trabajo. Cosa que se desmiente echando un vistazo a sus fotografías de la época. Puede que fuera un verdadero Casanova, pero no le impidió dejar imágenes absolutamente gloriosas en la historia de la moda (sus trabajos con Penélope Tree, sin ir más lejos, son verdaderos ejercicios de modernidad). «Un fotógrafo de moda debe amar a la mujer». Y él lo hizo, fuera y dentro de los estudios: la Deneuve o la modelo Jean Shrimpton, de quien dice: «Era la mejor. Mis mejores fotos fueron con ella, era estupendo trabajar a su lado». Y «lejanos» es su lacónica respuesta cuando se le pregunta por sus inicios en la revista Vogue.
Quizás huyendo de su pasado, de esa etiqueta que le califica como el «fotógrafo británico más famoso de las últimas décadas», Bailey edita su Bailey’s Demo-crazy (Steidl), un libro que retata gente de la calle desnuda, sin trucos, ni retoques. La democracia de la piel de Bailey es una celebración de lo hermoso y de lo no tan hermoso de un cuerpo. Pero Bailey no reniega de su côté (lado) moda: «Todo me interesa, la fotografía de moda, el retrato… Todo». Lo cierto es que es difícil de conciliar la imagen del fotógrafo que fue santo y seña de Vogue en sus ediciones americana y británica con la del retratista que se nos ofrece ahora: limpio, sin artificios, ni maquillajes. Perfección versus realidad. Ideales de belleza frente a lo hermoso y adictivo de lo imperfecto. Preguntado por el personaje que se ha quedado con ganas de fotografiar, contesta: «Ninguno, hubo un tiempo en el que quise fotografiar a Fidel Castro, pero ya no». Por mucho que Bailey afirme tajantemente que «las celebrities no me interesan y nunca lo han hecho», para él han posado todos. Desde astros del rock como Mick Jagger, Jane Birkin o la Faithfull a actores de la talla de Nicholson, Johnny Depp o Ralph Fiennes, fotógrafos como el mismísimo Man Ray o personajes del mundo de la cultura —leáse Rudolf Nureyev, Salvador Dalí, Francis Bacon, Tim Burton o Joaquín Cortés—… Lo que busca Bailey es «la persona; mis fotos son sobre ellos, nunca sobre mi». Cuenta la leyenda que invierte más tiempo en conocer al retratado que en «dispararle».

LOS OJOS DE LA MODA. Imagen de una producción para Vanity Fair de 2005.

Su máxima influencia: el cine de la década de los 40; Londres, la ciudad en la que sigue viviendo y trabajando, «el mejor lugar del mundo»; el blues, el estilo musical que nunca deja de sonar en sus sesiones de fotos; Bruce Weber y Juergen Teller, dos de los fotógrafos a los que admira; Pablo Picasso, el artista cuya obra le cambió la vida y le abrió todo un mundo. Poco dado a recrearse en su pasado o a autocomplacerse en el estilo que le catapultó al olimpo de los grandes. Bailey sigue haciendo lo que le gusta: disparar. Y, de paso, aumentar su legado en el que considera, sin discusión, el arte rey de este siglo. «Si los tres primeros cuartos del siglo XX fueron de Picasso, a partir de ahí, la hegemonía es de la fotografía».

 

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  1. […] «Algunos pensaban que estaba muerta», admite Grace Jones. Hoy protagoniza festivales y hasta inspira nuestros editoriales de moda; la reina de la provocación ha vuelto. Foto principal de David Bailey. […]

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