Candida Höfer. Fotografía de interiores.

2012.11.15

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA “AD ARCUITECTURAL DIGEST”: http://www.revistaad.es/

FOTÓGRAFO JAVIER SALAS: http://www.javiersalas.com/.
ESCRITO POR ITZIAR NARRO.

Ella fotografía bibliotecas, teatros y óperas. Nosotros la fotografiamos a ella en su casa de Colonia. Es el retrato de la mejor fotógrafa de interiores del mundo, la otra dama de hierro.

Le regalaron su primera cámara a los 17 años, pero Candida Höfer (Eberswalde, 1944) estaba acostumbrada al objetivo desde niña. A su madre le gustaba sacar fotos. “Lo hacía mejor que yo”, cuenta. Y eso, viniendo de ella, es mucho decir, porque la Höfer es, probablente, la persona que mejor fotografía las tripas de la arquitectura pública, y la primera en convertir esa obsesión en arte. Ha inmortalizado los interiores más impresionantes del mundo, pero esta mañana de primavera le da pudor que retratemos su casa, en Colonia, frente al Rin, un enorme espacio casi vacío que parece una oficina, con muebles originales de Marcel Breuer, Arne Jacobsen o los Eames. Candida es el alter ego de su vivienda: meticulosa, silenciosa, seria, limpia, fría, austera, perfeccionista, práctica, bauhasiana por los cuatro costados.

El comedor de Höfer (arriba a la izda.), con su fotografía de la Ópera de Colonia frente a las sillas Ant de Arne Jacobsen pra Fritz Hansen. Debajo, su salita de estar con la butaca LC2 de Le Corbusier para Cassina. A la dcha., las escaleras de la fundación que acaba de abrir en colonia. “Mi marido y yo no tenemos hijos, así que este lugar es nuestro proyecto de futuro, el sitio donde almaceno mi trabajo”, explica la alemana.

Se nota que no le gusta la gente, pero se esfuerza en ser amable y nos deja bucear en su vida el mismo día que inauguran exposición en Fúcares, su galería de Madrid. Su padre era periodista y sus primeros pasos laborales los dio con él. Luego decidió estudiar cine. “Siempre quise trabajar con las imágenes, pero no sabía como”. Durante una fiesta conoció a Otto Steiner, el famoso fotógrafo Alemán, y recibió un consejo que le cambio la vida. “Si quieres dedicarte a esto, empieza desde el principio, céntrate”. Se marchó a Düsseldorf y entro en la escuela de Bernd y Hilla Becher, donde también estudiaron Andreas Gursky, Thomas Ruff, Axel Hütte, Thomas Struth… Juntos se inventaron una nueva forma de mirar a través de objetivo. Formaron la escuela Düsseldorf, que sigue siendo uno de los referentes del arte XX. “Todavía hablamos de vez en cuando”. Entre todos transformaron la fotografía. “En aquella época lo que hacíamos no se consideraba arte. Era difícil dedicarse a esto sin trabajar en una revista. Con los Becher aprendimos sin aprender.

Arriba a la izda. y siguiendo las agujas del reloj, fachada de la casa de Candida en Colonia, pasillo de su vivienda con fotos y recuerdos, su rincón de la cocina con la silla Cesca y la mesa S285, y en su fundación, fotografía nocturna de fachada de su casa.

No imponían nada, sus lecciones eran sutiles, teníamos que leer entre líneas. Hablábamos, íbamos a galerías, discutíamos… Eso era todo”. Al acabar su formación académica dedicó cinco años de su vida a retratar la inmigración turca con su Hasselblad. Viajó a Liverpool con una amiga y plasmó las calles en blanco y negro de los 70, sus hippies melenudos y las máquinas tragaperras donde quizás jugaron Los Beattles. Son fotografías en las que sólo ella se reconoce. “Si, estoy yo”. Durante aquellos viajes, descubrió algo importante: “No estaba cómoda trabajando con gente, sentía que les utilizaba, no me gustaba ordenarles dónde tenían que mirar o cómo colocar las manos. Elegí los espacios públicos porque podía estar sola”. Desde ese momento, sus retratos se convirtieron en modelos de cemento, estáticos, perfectos. “Busco reflejar la belleza de la arquitectura, pero también su historia. Me gustan los detalles. Hay lugares en los que se siente la presencia de la gente aunque estén vacíos”. Trabaja con luz natural, llega a los sitios sin haberlos visto antes e instintivamente decide el enfoque. Ya no busca víctimas, le llueven los encargos de museos como el Louvre, que desean pasar por su zoom. Reconoce que cada vez que se enfrenta a un interior interior, aún ahora, siente nervios en el estómago. “Me gusta que sea así, no me cansa”. Su recién abierta función es su último proyecto. Allí expone su coleccion de fotografías de Thomas Ruff, Reiner Leist o Sugimoto, pero ninguna suya, por decisión propia. En el comedor de sus casa organiza cenas con amigos. “Todos son arquitectos y científicos”, cuenta. Es difícil imaginar de que habla la Höfer en la intimidad, pero le gusta Mies van der Rohe y, cuando viene a Madrid, aunque parezca extraño, el flamenco, la guitarra. La Fundación Candida Höfer abre sus puertas con cita previa. Südpark, 45. Colonia. www.candida-hoefer-stiftung.net

La habitación de invitados de su institución, donde instala a los amigos que van a conocerla.

 

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