Ante todo el bienestar del sujeto y su entorno.

2012.12.07

TEXTO EXTRAÍDO DE LIBRO “MANUAL DE BUENAS PRÁCTICAS DEL FOTÓGRAFO DE NATURALEZA”. ELABORADO POR LA COMISIÓN CONSERVACIÓN Y ÉTICA DE AEFOMA. AEFOMA ES LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE FOTÓGRAFOS DE NATURALEZA. WEB: http://www.aefona.org/

Esta es una de las reglas más importantes e irrefutables que todo fotógrafo de Naturaleza debe cumplir, por encima incluso de cuestiones legales. El hecho de que el lugar donde estemos realizando fotografías esté vacío de reglamentación o regulación específica no quiere decir que podemos hacer lo que queramos.

Ya sea desde niño o descubriendo la Naturaleza a lo largo de los años, un fotógrafo de Naturaleza es ante todo un amante de ésta, y no se comprende de otra manera esta actividad creativa. Coger una cámara fotográfica y lanzarse al campo a tomar fotografías de Naturaleza y acercarlas a la sociedad, es un intento desesperado de que el resto de las personas se inserten por algo más que la estresante vida en las ciudades. Este hecho trascendental de coger una cámara, en sí mismo, es el compromiso de respetar lo que fotografiamos.

Ilustración de Enrique del Campo.

En ocasiones conocemos de fotógrafos que anteponen la fotografía al sujeto fotografiando y casi siempre es debido a un egoísmo comercial o simplemente interrelacional con otros fotógrafos, y que intenta demostrar a los demás compañeros lo buen fotógrafo que somos porque hemos conseguido esa imagen imposibles. Pero la imagen imposible es aquella que no solamente es espectacular y única, sino que muestra una especie salvaje en su entorno y completamente tranquila, haciendo aquello que siempre hace sin interferencias artificiales. En el momento que una fotografía muestra un estado alterado de una especie, como, por poner un ejemplo clásico, nidos con polluelos mirando a cámara sin mostrar ningún ejemplar adulto, esa es una fotografía que nunca debería haberse tomado.

¿Cuál es el bienestar del sujeto? ¿Quién o cómo se pone la escala de valores para saber dónde se vulnera el bienestar del sujeto? Éstas son algunas típicas preguntas en el círculo fotográfico y naturalista, y aunque se suelen dar muchos rodeos para contestarlas, la respuesta más correcta, ética y acertada es la siguiente: la del propio fotógrafo, conocedor de la especie y su responsabilidad con el trabajo que está realizando. Aunque en los siguientes capítulos se analizará todo con detalle, hay que hacer hincapié en lo básico y esencial que es asumir que, en líneas generales, el límite entre lo bien o mal hecho es una cuestión de conciencia y respecto.

Por supuesto, la importancia del bienestar del sujeto es directamente proporcional a la vulnerabilidad o escasez de la especie fotografiada. No es lo mismo fotografiar una lagartija común, que es una especie protegida por las leyes españolas, que fotografiar un lagarto gigante del Hierro, especie también protegida, endémica de las Islas Canarias y en peligro de extinción. Los dos animales son reptiles, pero el grado de vulnerabilidad es axiomáticamente lógico a la hora de hacerles un retrato. Eso no quiere decir que para hacer la fotografía a la lagartija común se la pueda modificar con técnicas que acaben o sentencien la vida del animal. Y es esto precisamente lo que se intenta explicar: la fórmula de proporcionalidad entre bienestar y escasez tan sólo se refiere a un aspecto de tipo conservacionista, porque tanto una especie como la otra son animales que nos deben fascinar por encima de la fotografía que vamos a realizar. Es más, debemos disfrutar observando estos animales, aunque no tengamos cámara fotográfica.

En estos últimos tiempos también se está dando una importancia considerable el bienestar del sujeto fotografiado relacionándolo directamente con el entorno que le rodea, recogiendo así algunas de las tendencias científicas y conservacionistas que desde hace años circulan a nivel mundial y que defienden, y por supuesto demuestran, que una de las soluciones más importantes para defender una especie es defender su entorno. El fotógrafo tiene la obligación de respetar este criterio como parte de su responsabilidad naturalística, hasta el punto que puede que encuentre más satisfacción fotográfica captando una especie en un entorno natural bien conservando, pues eso es síntoma de no alteración o incluso ese mundo salvaje que todos los que amamos la Naturaleza anhelamos desesperadamente. En este aspecto tan importante ya son muchos fotógrafos reconocidos internacionalmente los que han recogido esta inquietud y han surgido numerosos proyectos editoriales que defienden este criterio mostrándolo en imágenes. Art Wolfe o Robert Ketchum ya han publicado varios trabajos en colaboración con organizaciones internacionales de conservación de espacios naturales como remedio a la conservación de especies amenazadas. Pero también en nuestro país, fotógrafos como Antonio Sabater en colaboración con la Estación Biológica de Doñana han querido apoyar estos criterios conservacionistas.

El bienestar del sujeto y su entorno es más importante que la fotografía. Recordémoslo y sólo así podemos llamarnos fotógrafos de Naturaleza.

 

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