Rompiendo el protocolo. Pauline M. Stevens.

2012.12.27

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

FOTÓGRAFA PAULINE M. STEVENS: http://www.paulinestevens.com/

Historias de fotógrafos. Reproducidas del libro “Grandes fotógrafos publicitarios en México II”

Hace unos meses se me presentó la oportunidad de retratar a un personaje de la vida pública por primera vez. Como yo soy apolítica, no sabía nada de protocolos en ocasiones de esa naturaleza.
Se trataba del retrato oficial de un gobernador pianista. A pesar de no ser político de carrera, al llegar a tal puesto los filtros de secretarios y asistentes se vuelven ridículos.
El protocolo no lo menciona nadie, no es que te digan cosas como “no le gustan que fumen”. En realidad, la preocupación era mía, porque los arreglos habían sido a través de sus secretarios de comunicación social y asistentes particulares. Afortunadamente, la agenda del gobernador estaba tan ocupada que tuve tiempo de averiguar cuál debía ser mi comportamiento ante tal personalidad, sobre todo porque a la mera hora hay que arreglar corbata, desarrugar traje, proponer posiciones, sugerir expresiones, etcétera. Todo esto se dificulta por lo intimidada que te sientes con los aperitivos.
Así pues, me preparaba para ablandarle el rostro al caballero, cuando mi medico personal me alertó de mi embarazo cuádruple.
Por fin llegó el día de la toma, para la que elegí la sala de juntas más sobria de entre los miles elegantes salones del palacio del gobierno. Había sillones de piel de una y tres plazas. El gobernador estaba sentado en la silla oficial con la heráldica del Estado, rodeado de asistentes por todos los lados y yo, acostada por completo en uno de los sillones de tres plazas con las patotas arriba, sólo me levantaba cuando no me entendían que la corbata estaba torcida ya para hacer clic, lo cual arruinó mis intentos honestos de cumplir protocolariamente con la toma.
No estaba acostada por payasa, lo que sucede es que ya tenía cuatro niños apenas dos meses después. Yo no tenía permiso de mi doctor ni de ir a la cocina, pero como me había comprometido a la toma meses antes, materialmente me fugué.
De no ser porque el gobernador es buena persona, la toma no hubiera salido.

 

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