Mujeres de Kosovo. Superviviendo al terror.

2013.06.29

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA MUJER 21.
 Esta revista ya no se publica y el artículo es de octubre del año 2000. Lo comento por las fechas y los tiempos verbales de un pasado inmediato.
FOTOGRAFÍAS Y TEXTO DE QUIM ROSER: http://www.quimroser.cat/

Kosovo ha sido el último episodio bélico de los Balcanes. Una guerra especialmente cruel porque la peor parte ha recaído sobre la población civil, y en especial sobre las mujeres, sin excepción ni credos.

Albanokosovares, serbias, gitanas o goranzi. Todas ellas, junto a sus maridos, padres o hijos conformaban el Kosovo multiétnico antes de que estallara la guerra. Un sueño de diversidad que difícilmente volverá a repetirse porque el dolor, los odios, las venganzas y la deportación padecida durante el conflicto han dejado fuertes secuelas, por mucho que la zona trate de volver a toda prisa a la normalidad y esté a punto de celebrar las primeras elecciones locales -28 de octubre-. Hace más de un año -en junio de 1999- las tropas de la OTAN irrumpieron en Kosovo para poner fin a los últimos coletazos de un tratamiento que avergonzaba a medio mundo. Era el principio del fin de laagonía histórica para una de las etnias de esta zona: los albanokosovares. Apenas dos meses antes, las televisores de todo el mundo retransmitieron imágenes de mujeres albanokosovares arrastrando de una mano sus pertenencias y de la otra alguna criatura milagrosamente viva —esta guerra se ha cobrado la vida de muchos niños— mientras cruzaban el paso de Morina (paso fronterizo entre Kosovo y Albania) camino de una arrasada Albania que no estaba preparada para la acogida de sus hermanos. Centenares de mujeres se agolpaban frente a las puertas de los improvisados y mal organizados campos de refugiados. Y mientras ellas huían de la guerra, sus hijos, maridos, hermanos y padres estaban luchando en el frente, eran prisioneros de guerra o simplemente habían sido asesinados. El mundo se convulsionó con las imágenes de niños deportados luchando por conseguir un poco de agua en los campo de refugiados macedonios, como el de Stenkovic.
Tras la irrupción de las tropas aliadas, se puso punto y final a la llamada crisis de los refugiados y pudieron regresar a sus casas. Ahora las mujeres Albanokosovares veían cómo la serbias eran las víctimas:  perseguidas, deportadas e incluso asesinadas. Mujeres, que al igual que ellas, eran ajenas a la represión que habían sufrido sus vecinas. Un año después, apenas hay enfrentamientos entre serbios y albanokosovares, por la sencilla razón que apenas quedan serbios en Kosovo. En la foto enmarcada de rojo, la mujer servia cierra su casa en Pec, amenazada por los radicales albanokosovares. En el párrafo de la derecha: En la pequeña población de Djacovina (Kosovo) desaparecieron durante la guerra cerca del 20% de sus habitantes. Muchos de los que quedan —la mayoría mujeres y niños— se manifiestan cada viernes para pedir explicaciones sobre el paradero de sus familiares. Los niños fueron testigos directos en el desarrollo de la Guerra de los Balcanes. En la imagen inferior de izquierda, una niña alza el escudo del Ejército de Liberación de Kosovo a la entrada de las tropas de la OTAN en su ciudad. Pero el miedo sigue latente entre la población. En la ciudad de Pec, los servios se sienten amenazados por los nuevo albanokosovares radicales. Queman sus casa y en algunos casos toman la venganza contra los más indefensos. Otra comunidad temerosas de represalias son los goranzi. En la imagen inferior, una mujer goranzi guarda su ganado en Globoqiea, al sur de Kosovo. Los albanokosovares los toleran dentro de Kosovo, pero los miran con recelo. De ellos dicen que “si cortas un goranzi en dos, te salen 7 serbios…” En definitiva, un país herido pero que ahora sonríe con esperanza al futuro.
Otra minoría vapuleada en Kosovo ha sido la gitana. Muchos han tenido que desplazarse como refugiados a Macedonia y siguen viviendo en su eterna condición de perseguidos. Los albaneses todavía los acusan de ser la mano ejecutora y los espías de los serbios. Los gitanos no se cansan de negarlo y, mientras, los radicales albaneses los buscan para vengarse. Las imágenes de la izquierda: Las represalias de los radicales albaneses siguen provocando el terror. Contra las iglesias y monasterios serbios, la comunidad gitana… En el párrafo de la derecha: Con los nuevos tiempos que soplan en Kosovo, si eres serbio no puedes ir a según que zonas. Milica —imagen superior derecha— sueña con volver a casa, en el sector albanés de Kosovska Mitrovica. Pero tiene miedo a que, por el simple hecho de ser serbia, acaben matándola si se acerca a su antiguo barrio. Estalló la guerra y huyeron. Terminó el conflicto y siguen huyendo. No queda tan lejos la imagen de miles de albanokososovares entrando a Albania, por el paso de Morina. Había días que no cruzaba nadie, y otros en cambio miles de refugiados colapsaban las deficientes instalaciones de un país, Albania, cerrado durante décadas. Pero Kosovo intenta olvidar. Los más jóvenes vuelven a salir por la nueva zona de copas de la ciudad de Pristina. Es un buen lugar para olvidar el pasado y hacer la vida europea que nunca hasta ahora habían podido disfrutar.
Otra tensa situación se vive en el extremo sur de Kosovo, donde sobrevive la pequeña comunidad de goranzi. De procedencia eslava como los serbios y macedonios, son de religión musulmana. Los albaneses que ahora controlan Kosovo los miran con recelo, aunque de momento, los dejan vivir en su territorio. De los goranzi se dice que si cortas a uno por la mitad te salen 7 serbios. Ellos se hacen las víctimas, no los mataron los serbios, pero aseguran que “los guardan para postre”. Las diferencias étnicas, los recelos y los odios son ahora más patentes que nunca. Son los desastres de la guerra.

 

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