Chema Madoz. Ars combinatoria.

2013.08.14

PARTE DE UN TEXTO DE LA PUBLICACIÓN REVISTART: http://www.revistart.com/
ESCRTO POR FERRAN ROIG.

La sensibilidad por el arte del lector se presupone, la reflexión y el cúmulo de significados posibles que capturan a una libertad capaz de ser presa bajo llave, quizás no. Tampoco se le exige.

Un taller donde trabajar, como una tienda de juguetes, que viste estanterías y rincones de objetos con múltiples utilidades y tan solo una finalidad: la fantasía construida foto a fofo. Una suerte de múltiples realidades encontradas y buscadas en la común, plasmadas con la silueta elegante del blanco y negro. “Imágenes icónicas de gran fuerza y sugerencia” que tratan de no perder la ironía, sin dejar que esta sea fin sino parte.
Cuando la humildad de quién, a través de metáforas, se aproxima a la realidad con “pocos aciertos y muchos errores”, en ocasiones uno se descubre esperando el movimiento siguiente que el cuadro podría realizar si la fantasía se tornarse realidad. Quieres ver asomar aquello que haría de la metáfora pictórica un gesto curioso y divertido, que seguiría alimentando el mundo posible que tienes delante y que te ha absorbido sin avisar.
 Sin título, 1998 © Chema Madoz.
La naturaleza muerta se torna vida en tan solo una imagen y la fusión de conceptos te lleva por la moqueta de la sala. Entonces, una soga perlada es capaz de desprender el glamour de grandes citas, las que se acompañan con champan francés o las que son consecuencia de la falta de tacto. La falsa libertad que pronostican, que prometen ambas situaciones, se desprende para uno de una fotografía que primero es bella y después echa a volar con sus contradicciones. Contradicciones que pueden percibirse como primer aviso a navegantes. Estética, reflexión y pensamiento.

Sin título, 1997. Fotografía en blanco y negro, sobre papel baritado y virado al sulfuro, 120×50 cm © Chema Madoz.
Este “escultor de objetos” cose gotas de agua, eso también es Ars combinatoria de Chema Madoz. Joan Brossa descubrió sus imágenes en 1995 y de este descubrimiento nació Fotopoemario (editado como libro el año 2003), combinación de poemas del catalán a partir de 12 imágenes del madrileño. Libro como “depósito de todos esos mundos imaginarios”.
La escrupulosidad, la sencillez creadora del artista, la sencillez creadora del artista, es solo la antesala liberadora. Es acceso al espacio diáfano de la metáfora que libera el pensamiento y que desata tantas opciones como sensaciones crea su obra. El falseo de la realidad de Madoz cambia su tendencia “a finales de los 80, justo en el comienzo de los 90″. Podemos observar este cambio al ver como “el objeto pasa a ocupar prácticamente la totalidad de la imagen”, dejando la realidad que lo envuelve, su amplitud, fuera del encuadre. De esta manera, centrando la imagen, se expande en el imaginario, en lo mental, en la interpretación, la realidad acostada que antes utilizaba para complementar la extrañeza de la composición.
Como una hoja otoñal sobre la que escribir a máquina, un libro hace de asiento en un columpio solo pudiendo ser la fusión de diversión y diversión. Imagen que tal vez capte el espíritu intelectual de la retrospectiva, que trasmite el color de las tardes en el parque y la inquietud infantil que se siente cuando un libro atrapa al lector que lo devora con mesura impaciente. Un placer para la vista y un estímulo para el pensamiento, imagino por alguien que convierte el teclado de una antigua máquina de escribir en escenario iluminado por luces de gran espectáculo. Que muestra en una imagen el libro que el libro sale, evocando el pensamiento que subyace de cada obra escrita. La reflexión de aquello previamente reflexionado que, una vez más, arrastra a la diversidad de mundos posibles sin perder de vista una realidad independiente, la que habitamos.
Capaz de poner un mundo en una maleta o de imprimir en una pluma la fuerza de una hoz, la influencia de las artes se hace explícita gradualmente. De la latencia, a la expresión fotográfica en mundos artísticos que, trabajados en objetos que parecen no olvidar nunca el cuerpo de los maravilloso, alteran su función, contexto y uso habitual, dando utilidades de apariencia divergente dentro de un mundo interior que maravilla y zarandea. “Actitud es la palabra”.

  

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