Un regalo para la vista.

2013.09.02

TEXTO LITERAL DE LA PUBLICACIÓN EL PAÍS SEMANAL: http://www.elpais.com/suple/eps/
ESCRITO POR MARTA RIVERA DE LA CRUZ.

Se publicaron un día en la revista ‘Vogue’, pero merecían estar en un libro. Condé Nast España reúne una fascinante colección de fotografías de moda y belleza en ‘Beauty in Vogue’.

El rostro de una mujer velado por un encaje con orejas de dibujo animado. Una hermosa procesión de piernas sin rostro. Un enjambre de manos con uñas pintadas de rojo escarlata que tapan unos ojos anónimos. Un sombrero que parece una rosa gigante, unas flores exóticas jugando al equívoco sexual. Un corsé que ciñe una espalda desnuda. Unas nalgas rotundas, el rostro de una mujer oculto a medias por la sombra de un velo. La piel blanquísima de Stella Tennant pintada de colores, un desnudo de Kate Moss. La silueta perturbadora de una desconocida que muestra a un hombre su ligero. Imágenes perfectas, algunas imposibles, todas únicas. Tópicos vueltos del revés, belleza sublimada por el talento del fotógrafo. Fotos de Herb Ritts, de Mario Testino, de Helmut Newton, de Annie Leibovitz, de Irving Penn, de Cecil Beaton, de Nick night. Como escribió Nancy Etcoff, “nada duele tanto tanto como la belleza”. Por eso hay que esculpirla y modelarla, convirtiéndola en algo maleable que se pueda transformar. Domesticar la belleza. Eso es lo que hacen algunos creadores.
Y eso es lo que ofrece Beauty in Vogue. El resultado de este trabajo —dirigido por Debbie Smith— son 200 páginas con más de un centenar de fotos que no dejan indiferente a nadie. “Desde Vogue España“, dice Yolanda Sacristán, directora de la revista y colaboradora en esta edición, “hemos querido rescatar y hacer perdurar esas fotos hechas por los mejores”.

Sacristán declara en la introducción: “La búsqueda de lo hermoso ha sido siempre el gran objetivo de vogue“. Fundada en Estados Unidos en 1892, la revista Vogue se consolidó tras su compra por parte de Condé Nast, en 1909. Su publicación había nacido con el único objetivo de dar cuenta de la pujante vida social de la América de entonces, pero de la mano de su nuevo propietario empezó a convertirse en un magacín de referencia para todas las estadounidenses. En 1913, Vogue propone un nuevo concepto en fotografía de moda con los retratos firmados por el barón de Meyers, y el público reacciona entusiasmado. Aunque de forma todavía modesta, habían nacido las producciones de moda.
Es posible que la verdadera historia de Vogue empiece en ese momento, cuando sus responsables entienden que la publicación tiene que hacer algo más que mostrar lujosos vestidos: puede convertirse en espejo de los cambios que a lo largo de los años va a experimentar el concepto de belleza. Cuando, en 1914, Edna Woolman-Chase se hizo cargo de la edición de la revista, Vogue recibió el impulso necesario para convertirse en el magacín femenino por excelencia. Woolman-Chase estuvo al frente de la revista hasta 1951. En este periodo, América se vio sacudida por el crash bursáltil al que siguió la Gran Depresión. Las circunstancias socioeconómicas hicieron que Vogue tuviera que reinventarse muchas veces durante aquellos años para adaptarse a los profundos cambios que se estaban viviendo. Con ayuda de su director de arte, Mehemed Fehmy Agha, Vogue siguió haciendo editoriales de moda incluso durante los cinco años de la II Guerra Mundial. En una sociedad golpeada por la contienda, el recordar que aún existían la frivolidad y el glamour era también una forma de mantener el optimismo.

 SIEMPRE KATE. Moss, fotografía por Nick Knight para la edición británica de ‘Vogue’ en abril de 1999.

Retirada Edna Woolman, en 1952 llegó a la revista Jessica Daves, y con ella una nueva edad para Vogue, que empezó a incorporar contenidos culturales y artículos literarios, y contrató a colavoradores de lujo como Bertrand Russell o Truman Capote. Es también en esta época cuando empieza a trabajar en la revista un grupo de fotógrafos destinados a cambiar el concepto de fotografía de moda: el aristocrático Celil Beaton, Erwin Blumenfeld e Irving Penn. Cuando la incorporación de técnicas nuevas amenazaba con llegar a los magacines una etapa de barroquismo, ellos entendieron que era el momento d simplificar. Blumenfeld velaba los rostros; Penn prescindía de los focos y usaba luz natural para sus sesiones, y Cecil Beaton inventó una elgancia libre de adornos innecesarios.
En 1963, la contratación de Diana Vreeland como directora de Vogue supuso otra revolución. Con ella llegó el exceso a la revista, y cuentan que los responsables de finanzas se llevaban las manos a la cabeza cuando Diana preparaba costosísimas sesiones de fotos en un desierto africano o una isla caribeña, algo inaudito hasta la fecha. Era la ocasión de teatralizar la fotografía, de huir de los estudios para buscar decorados exóticos. Vreeland acuñó el término youthquake, referido a los cambios en la idea de moda y belleza que traían los irreverentea años sesenta. Con Vreeland irrumpió en las páginas de Vogue un moderno ideal de belleza femenina: el de las chicas delgadas y quebradizas, con aspecto andrógino. La sombra del erotismo empieza a dibujarse. Aparecen los primeros desnudos. La personalidad de las maniquíes cobra protagonismo. Se inaugura la era de las modelos con nombre propio: Suzy Parker, Twiggy, Veruschka o Penelope Tree se adueñan de las portadas y los editoriales de moda, que se parecen muy poco a las insulsas producciones que se hacían treinta años atrás. Con Vreeland también se incorpora a la revista el genial Richard Avedon y una pléyade de colaboradores de lujo, como Susan Sontang. El protagonismo de las imágenes puede ser compartido por las palabras. La firma de un autor de prestigio vale tanto como un vestido de alta costura.↑ GUY BOURDINUn enjambre de manos con uñas pintadas de rojo escarlata que tapan unos ojos anónimos.
De la mano de Mirabella llegaría a Vogue e porno chic inventado por Helmunt Newton. El suave erotismo de los años sesenta había sido superado, y entrados los ochenta era el momento de mostrar escenas de una sexualidad más explícita. También se inauguro la edad de las supermodelos. Claudia Schiffer, Elle MacPherson, Cindy Crawford reinaban desde las portadas e imponían una nueva ley: la de modelo convertida en estrella.
En 1988, Anna Wintour tomaba las riendas de Vogue, Considerada una de las personalidades más influyentes del mundo de la moda, supuesta inspiradora del personaje de Miranda Priestly en El diablo viste de Prada, Wintour dirige con mano de hierro una revista que cuenta con 12 ediciones y que distribuye tres millones de ejemplares en 23 países distintos. Junto a Wintour desembarcan en Vogue fotógrafos como Mario Testino o Annie Leibowitz, y también las portadas dejan de ser coto cerrado de las modelos para hacer sitio a las celebrities. El universo femenino ha cambiado; la belleza, también. La popularización de la cirugía estética origina un supuesto canon alcanzable, pero también una visión distorsionada de lo hermoso y lo feo. Las posibilidades multimedia aplicadas a la fotografía; las inimaginables opciones de retoque de una imagen; la opción de alargar piernas, redondear senos o estrechar cinturas, ha puesto en circulación un ejército demasiado nutrido de criaturas perfectas que no existen más allá de un ordenador habitualmente manejado. La estética del siglo XXI poco tiene que ver con la del pasado.
Por eso, Beauty in Vogue aparece en el momento adecuado. Su editora, Debbie Smih, afirma en el prólogo: “Este no es un libro de belleza; en muchos sentidos, trata fundamentalmente de ciencia y tecnología, las nuevas disciplinas utilizadas para modificar (y mejorar) nuestros cuerpos y nuestras caras”. Y añade: “Estas fotos deben contemplarse con la misma mirada con la que contemplamos el arte moderno; una buena película o el hiperrealismo de la PlayStation. Lo aquí representado es algo lujoso o irreal; refleja una fantasía totalmente alejada del sudor y lágrimas de nuestra vida cotidiana”.

HUMOR  en una imagen de joyas por Bert Stern y publicada en el ‘Vogue’ de Estados Unidos en 1969.

Además de las soberbias fotografías que aparecen en el libro, Beauty in Vogue cuenta también con textos destacables de escritores y colaboradores de la revista. La ex modelo Penelope Tree hace en ‘De incógnito’ una aguda reflexión sobre el placer de ocultarse, y cómo la estética del secreto puede ser una muestra del carácter de un personaje. Tree recuerda a Greta garbo, a Jackie Kennedy Onassis, que “ocultas tras unas enormes gafas de sol consiguieron proteger su vida privada con un halo sacrosanto”. Precisamente el destino de Jackie O. estuvo unido a la revista Vogue, que fue la primera en colarse en la Casa Blanca tras la toma de posesión de JFK como presidente. La señora Kennedy quería contar al país que había llegado una nueva era para América, y  ¿y que mejor forma de demostrarlo que permitir que Vogue retratase los primero tiempos de la era Camelot?
En la sección titulada ‘Blink’, los protagonistas son los ojos. La mirada, el parpadeo. Las pestañas femeninas. Y las máscaras de pestañas, claro. Emma Forrest escribe un cuento de hadas agridulce, en la camarera que quiere convertirse en estrella de cine y cuyo único atractivo es la intensidad de sus ojos rasgados. Por eso colecciona fotos de mujeres hermosas de profunda mirada, y maquilla la suya para creerse irresistible: “Delia se puso el abrigo. Como no podía el lujo de un John Galliano, se consolaría con algo más asequible: una máscara de pestañas Maximeyes”. La cosmética como expresión del lujo accesible. Coco Chanel lo entendió bien cuando creó su primer perfume, que comprarían todas aquellas mujeres que no podían permitirse un vestido suyo. La mácara de pestañas, el rojo de labios, la sombra de ojos, las gotas de perfume supone una burla a la escasez, un guiño a la abundancia.

Fotografía incluida en el capítulo ‘Blink’, dedicado a las mujeres que tienen por protagonistas los ojos de las mujeres y sus posibilidades estéticas. La imagen, titulada ‘Pestañas de gato’, fue titulada en 1968.

El volumen muestra también la belleza ajena a las convenciones. Una mujer puede ser hermosa al margen de los cánones, por encima de los cánones. Desde las páginas de Vogue, el fotógrafo Nick Knight retrata las curvas generosas en una sociedad bombardeada con mensajes que animan a la delgadez y donde el fantasma de la anorexia y la bulimia sobrevuela las cabezas de las adolescentes: “Fue muy excitante trabajar con una estética curvilínea”, escribió el fotógrafo Nick Night tras disparar su cámara sobre el cuerpo armónicamente excesivo de Sophie Dahl, la modelo sin complejos que abandera otra forma de belleza. El artista Horst P. Horst compone en Home improvement (mejoras para el hogar) la imagen conmovedora de la mujer que intenta arreglarse sin salir de casa, quizá para recordarnos que en el mundo hay demasiada gente que no sabe lo que es un estilista ni un peluquero. Mujeres que nunca se han hecho una manicura. Dita Von Teese escribe sobre el placer de cuidarse las uñas, y cómo también la forma de hacerlo ha evolucionado con el tiempo. El texto de la reina del burlesque acompaña dos fotos memorables de Guy Bourdin y Helmut Newton, que firma también el intenso desnudo de una Charlotte Rampling que se nos antoja inalcalzable.
Beuty in Vogue no es un volumen de fotografía, ni un tratado de moda, ni un compendio de imágenes sabiamente seleccionadas. Es mucho más que todo eso. “Este libro es una obra de arte”, asegura Yolanda Sacristan, que se lamenta por el material que hubo que descartar por razones de tamaño, y añade: “Desde su nacimiento, Vogue ha logrado no sólo plasmar las corrientes estéticas de cada momento, sino también inspirarlas. Con Beauty en Vogue no hemos pretendido agrupar simplemente un conjunto de retratos hermosos, sino transmitir a través de ellos el espíritu de más de un siglo de historia.

GALERÍA DE SEDUCCIÓN
Una mirada a la belleza, un mundo en continuo cambio donde la tecnología de tratamientos es cada vez más importante. Un homenaje a esa artista que cada una de las mujeres lleva dentro, y que se manifiesta cada vez que se pinta o cada vez que sucede con una nueva fragancia. Esta selección de fotografías pertenece al libro ‘Beauty in Vogue’, editado por ediciones Condé Nast España, en el que han colaborado personajes del mundo de la moda como Penelope Tree o Verushka, conocidas modelos de los años sesenta; escrtores como Glenn O’Brien, Susie Boyt o Clarissa Pinkola, y la extravagante reina de lo burlesco Dita von Teese. Además, el libro nos deleita con las imágenes de maestros de la fotografía como Helmut Newton, Guy Bourdin, Juergen Teller o Mario Testino.

 

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