Fotografiar la personalidad.

2013.09.16

EXTRAÍDO EL TEXTO DEL LIBRO “EL RETRATO, CONSIGUE RETRATOS MÁS CREATIVOS Y NATURALES”.

ESCRITO POR ALFONSO TRULLS MOLINA.

Existe una característica determinante para distinguir a un buen retrato de una fotografía corriente. En el primer caso, dicha característica consiste en que se ha conseguido plasmar en la imagen digital el carácter de la persona retratada, algo que podríamos definir como una sensación vivida. Por el contrario, en el segundo de estos casos, tendríamos una imagen digital de una persona, correctamente expuesta e iluminada, pero que al ser captada sin intención, no consigue transmitirmos nada. Veamos un claro ejemplo de todo lo mencionado.
 Figura 1.1. Una sencilla escena de hogar captada se puede convertir en un entrañable retrato.
En la figura 1.1 percibimos claramente una atmósfera de hogar y un ambiente relajado en que se sitúa una pareja de personas mayores en determinada actitud.
Es prácticamente obvio que la pareja de la figura a la que nos referimos vive una vida relajada y que apartados de la vida laboral por la edad, quizás, estén revisando su economía o haciendo planes de viajes en una estancia de su casa que bien pudiera ser la cocina o dependencia similar. Y así, en su entorno habitual y en esa situación tan cotidiana para ellos, el fotográfico ha conseguido plasmar en una sola fotografía el carácter afable de esa pareja en una etapa de su vida.
No existen reglas técnicas para la realización de un buen retrato. El fotógrafo puede utilizar cualquier tipo de cámara que, en este momento, tenga a su alcance. Las condiciones de luz deberían ser las naturales, aunque con algún apoyo o truco que veremos más adelante.
El objetivo a utilizar, a excepción del gran angular, tampoco debería ser un condicionante para nuestra toma, aunque una distancia focal situada en torno a los 100 ó 150 milímetros o zoom de 4x en cámaras digitales réflex y compactas, respectivamente, sería la adecuada. Sin embargo, conseguir la naturalidad del personaje, captar sus rasgos más distintivos y acertar con la luz para que su entorno tenga calidez, sí son factores que se deben cuidar al máximo a la hora de intentar realizar una buena fotografía de retrato.
Al contrario que en las otras especialidades fotográficas, como puede ser la de acción, el retrato exige al fotógrafo que desarrolle una planificación previa a su trabajo.
En primer lugar, revisa minuciosamente los ambiente en los que el protagonista del retrato podría ser fotográfico. Es decir, comprobar la iluminación ambiental de los rincones de la casa o del trabajo donde nuestro protagonista desarrolla la mayor parte de sus actividades y en los que transcurre gran parte de su tiempo. En ese momento, el sensor de la cámara nos será de gran utilidad.
Enfocando exactamente al punto del lugar donde se va a situar nuestro modelo, comprobaremos los ajustes que nuestro sensor aconseja para la luz disponible, y sobre esas condiciones, actuaremos en consecuencia.
Es necesario que el entorno en el que se va a realizar la fotografía sea totalmente familiar y cotidiano para el retratado; este debe sentir la confianza y la relajación que le proporciona posar en un medio cercano y conocido para él.
Al mismo tiempo, el ambiente que se ha elegido para situar al modelo que retratar, debería tener una relación directa con su vida en cualquiera de sus aspectos; es decir, aficiones, trabajo, descanso o bien uno de los rincones favoritos de su casa.
Mientras hemos estado eligiendo y cambiando impresiones acerca de esa ubicación con nuestro protagonista, habremos conseguido establecer una comunicación que será de inestimable ayuda en el momento de tomar nuestra fotografía.
En general, excepto los profesionales de la imagen, las personas se suelen sentir afectadas, coartadas, delante de un objetivo que las enfoca tratando de descubrir su más recóndita intimidad. Cuanto más tiempo y más cerca permanezca el objetivo delante de sus ojos, más incómoda y alterada se sentirá la persona, el motivo de nuestro retrato.
Por esa razón se tratará de elegir adecuadamente la ubicación y el encuadre del retrato sin molestar demasiado al modelo. Planificaremos, sin necesidad de él, las condiciones de luz de la fotografía, y con la ayuda de nuestro teleobjetivo o zoom, nos situaremos a una prudencial distancia de su rostro.
Utilizando un objetivo cualquiera, situado a la altura y distancia a la que va a estar el modelo, como por ejemplo el mismo sillón o silla donde va a estar sentado, haremos pruebas de enfoque con el fin de no cansarle con agotadoras y pesadas indicaciones, y en definitiva, por qué negarlo, con nuestra incertidumbre.
Estas reglas y otras que veremos a continuación, básicas para cualquier situación de retrato, necesitan de un complemento indispensable: el conocimiento sobre el sujeto fotográfico.
Sólo cuando el fotógrafo llegue a conocer al ser humano que tiene delante de la cámara, podrá plasmar en una sola fotografía su carácter y convertirlo en un verdadero retrato.
El fotógrafo siempre hace de comunicador, entre la escena que tiene delante de su cámara y el observador que va a ver la fotografía de dicha escena. Aún así, en el caso de la fotografía de retrato, el fotógrafo hace de comunicador con alguien más. Independiente de la imagen que va a captar y de la impresión que va a causar en el espectador que la visiona, el fotógrafo de retrato debe mantener una constante comunicación con su modelo. Dicha comunicación es necesaria por varias razones: obviamente, si el modelo y el fotógrafo no se conocen, es absolutamente necesario que mantengan una conversación con el fin de trabar (juntar) conocimiento y crear una atmósfera  de confianza.
En el caso de que ya existiera una relación y conocimiento anterior, el fotógrafo además de explicarle a su modelo los detalles de la fotografía a realizar, debe crear un ambiente relajado manteniendo cualquier tema de conversación de interés general que ayude al retratado a mantenerse distraído, ajeno al objetivo de la cámara. Tengamos en cuenta que, normalmente, el protagonista de nuestro retrato no suele ser un modelo o actor profesional, sino más bien un familiar o un amigo.
Cuando se ha conseguido un clima de estas características, es prácticamente seguro que el resultado es bueno, independientemente de cuestiones técnicas de cámara e iluminación.
NOTA: En beneficio del resultado final, cuando vaya a hacer un retrato no debe mantener un injustificado silencio durante la sesión fotográfica. Tampoco es conveniente que hable únicamente de la fotografía que va ha hacer, ambas situaciones tensan la predisposición del modelo y fuerzan su pose. En conveniente que, mientras acciona el disparador y cambia de encuadre, el fotógrafo hable de cualquier tema que interese a su modelo o a ambos.
Veamos lo que el fotógrafo ha conseguido transmitirnos con el retrato de la figura 1.2 y las diferencias que esta fotografía presenta con respecto a la anterior, a pesar de que ambas son retratos.
 Figura 1.2. Un retrato ambiental que denota una profesión, o cuando menos, una afición.
Los protagonistas de la figura 1.1 están absortos en su propia acción y no miran a la cámara; el espectador, nosotros, no podemos imaginar qué dicen o hablan pero podemos intuir algo agradable gracias al ambiente relajado y al oportuno disparo del fotógrafo. En la siguiente imagen, la representada en la figura 1.2 podemos percibir las siguientes, y posiblemente acertadas, sensaciones: la señora, en la madurez de su vida, suponemos que está feliz dedicada a su negocio de floristería.
En este retrato, su protagonista mira directamente al objetivo de la cámara, sin inhibiciones, con una mirada relajada y un aspecto sereno. De nuevo, las sensaciones que percibimos son agradables, no se percibe tensión en la retratada y su pose es absolutamente relajada. Se puede asegurar que la intención del fotógrafo al realizar este retrato, se ha cumplido sobradamente. Para ello, ha debido ejercer de psicólogo con su modelo y de comunicador con su cámara.
En los retratos que hasta ahora hemos analizado se han conseguido deducir ciertas características o detalles ciertamente ligados a los protagonistas. Esto nos ha permitido llegar a una mayor compresión del personaje retratado.
En estos casos donde la profesión de la persona, objeto de nuestro retrato, sea tan significativa como para marcar su vida, es preferible no plantearse otro escenario que no sea aquél donde se sitúa diariamente su labor profesional. En muchas ocasiones, el impacto de los rasgos personales para comunicar el carácter de nuestro retratado queda reforzado mostrando el entorno habitual del mismo,  aunque los detalles del fondo pueden distraer la atención del espectador.
Gran parte del comentario anterior se ve materializado en el retrato de la figura 1.3.  Figura 1.3. En esta fotografía se evidencia el axioma de que el personaje en su contexto delata carácter y profesión.
En nuestra imagen se hace patente hasta obviarlo que el hecho de retratar al sujeto en un ambiente que le es cercano por afición o por profesión, acentúa su carácter ayudándonos, al mismo tiempo, a que nuestro retratado transmita importantes rasgos de su personalidad.
En esta ocasión, el profesional posa relajadamente sentado dentro de uno de los componentes más representativos de su quehacer cotidiano: el camión de bomberos. Es ineludible que en esta ocasión el personaje queda bien definido ante nuestra mirada. Pero antes de analizar otros ejemplos, ahondemos un poco más en este retrato.
A pesar de la sencillez de esta imagen, realizada sin complicadas técnicas ni sofisticada iluminación u original encuadre, esta nos transmite la información justa y exacta que necesitamos para la compresión del retratado. Aunque no está desarrollando una acción propia de su profesión, este hombre de complexión fuerte, de cálida mirada y aspecto bondadoso, proyecta sensación de agrado y seguridad hacia la mirada de quien observa la fotografía. Exactamente lo que el autor pretendía al realizar ese retrato.
Más adelante, volveremos sobre esta imagen para analizar su encuadre y el por qué de no utilizar otro más abierto, daba la vistosidad y fotogenia de un reluciente y colorista camión de bomberos.
Desde sus orígenes, la cámara fotográfica enfocó la actividad de los seres humanos, interesándose por las relaciones de las personas y sus actividades, el gran tema de la fotografía. Los grandes maestros de este género fotográfico no utilizaban aparatosos equipos para inmortalizar el carácter de sus retratos. La sencillez en el tratamiento del protagonista del retrato, simplicidad de la cámara y la discreción del objetivo ha sido las máximas que han regido y rigen la conducta del fotógrafo retratista.
Figura 1.4. Cámara Konica Minolta Dimage Z2. Fotografía cortesía Konica Minolta.
Actualmente, la tecnología aplicada a la fotografía digital permite todavía mejor acercamiento y discreción a la hora de plasmar el carácter o la actividad de una determinada persona. Quizás el hecho de poder comprobar al instante cómo ha quedado nuestra imagen digital permite una mayor interacción entre el personaje a retratar y el fotógrafo. Un cambio de impresiones al visionar los primeros resultados permite caldear la fría relación que, hace un tiempo, se establecía entre ambos. Por otra parte, tanto el tamaño de las cámaras como el sus objetivos (figura 1.4 y figura 1.5) rompen la barrera que existía entre la aparatosidad de la técnica y la sencillez de la persona.
 Figura 1.5. Cámara digital compacta Konica. Dimage x31. Fotografía cortesía Konica Minolta.
Son muchas las situaciones en las que el personaje se encuentra respectivo a la labor del fotógrafo, y dentro de esas situaciones, también son numerosos los momentos idóneos para accionar el disparador de la cámara. Tanto en el retrato contextual, el que refleja el medio de trabajo del retratado, como en aquél que se realiza durante un momento cotidiano, el gesto del personaje no debe ser forzado: Una vez establecida la comunicación entre el modelo y el fotógrafo, este deberá estar atento a los cambios de postura y a los gestos de la persona que tiene enfocada, ya que el instante que tiene preciso para accionar el disparador es impredecible para ambos. No es necesario que el modelo sonría, ni que adopte una actitud risueña para tomar la foto, ni siquiera que su mirada esté dirigida a la cámara. Incluso es conveniente que se encuentre distraída realizando una acción cotidiana, ajena a los movimientos del fotógrafo, como es el caso del retratado de la figura 1.6 y que nos muestra a una bella mujer ocupada en su retoque diario de maquillaje.
 Figura 1.6. Un retrato muy cuidado que parece estar hecho al descuido.
Al captarla en ese momento, el fotógrafo ha conseguido atrapar a la mujer en uno de sus momentos más personales, logrando una expresión relajada aunque atenta que sirve para mostrar en toda su dimensión la belleza y personalidad de la protagonista.
← Figura 1.7. El retrato se debe cuidar la pose del modelo y el encuadre para que el conjunto resulte natural.
Por el contrario, la protagonista del retrato de la figura 1.7 mira directamente al objetivo y sonríe, consciente de que en este preciso instante se acaba de tomar la fotografía. Estas condiciones son muy distintas de las del caso anterior pero no influyen para que este retrato deje de ser válido. Situaciones, expresiones y poses son elementos que, bien manejados por el fotógrafo, pueden ser decisivos para que su retrato transmita, al menos, una parte de la atmósfera ambiental y de la personalidad de su personaje.
NOTA: Procure ejercer de psicólogo con su modelo. Dentro de una pautas, que se establecen de una forma natural, dialogue con su personaje interesándose por su trabajo, por su afición o por cualquier otro tema que le interese. Este comportamiento es recompensado por el modelo en forma de colaboración, naturalidad y distensión. Unas propiedades valiosísimas a la hora elaborar el retrato.
Estamos analizando una serie de normas básicas o situaciones tipo que adquieren su importancia cuando se trata de hacer fotografía de retrato. Sin embargo, no es imprescindible ceñirse estrictamente a ellas como si fueran la panacea para la obtención de un inmejorable resultado artístico. Cada modelo y cada fotógrafo tiene su propia personalidad y, por lo tanto, necesitan de su tiempo y de su propio método para conseguir las condiciones necesarias que harán de la sesión fotográfica un agradable encuentro.
El retrato no siempre requiere ser analizado en una localización o lugar agradable, cubierto y con suficiente luz ambiental. El retrato surge en el instante idóneo y el lugar en el que ese momento se encuentre nuestro modelo. Aunque el fotógrafo pueda y deba tener previstas las soluciones a cierta cantidad de incidencias que pudieran surgir durante la sesión, hay otro tipo de eventualidades que, recurra a la creatividad e improvisación, y esta es una característica innata a todo tipo de fotografía.  Figura 1.8. La imagen ha sido tomada en un día nublado, con una cámara digital Konica Minolta Dynax 7D con ISO 200, 1/250 de obturación y f 5,6. Ojetivo Minolta 100 milímetros. Formato digital: JPEG. Fotografía cortesía de Alfonso Trulls.
Después de una larga conversación sobre climatología y las necesidades del campo, el hombre que aparece en la figura 1.8 reflexiona, abstraído y el silencio, sobre ciertos aspectos que dicha conversación ha suscitado. Instintivamente, el fotógrafo intuyó que había llegado el movimiento adecuado para realizar su visión personal, en forma de retrato, sobre aquel hombre de campo que mostraba las preocupaciones propias de su medio ambiental y profesional, el rural.
 Figura 1.9. La instantánea del personaje en acción también constituye un retrato muy descriptivo.
Por el contrario, en la figura 1.9 resulta evidente cual es la profesión u oficio de retratado.
Esta fotografía, a medio camino entre el retrato y el reportaje, no ha necesitado de la reflexión y el acercamiento personal del retrato anterior. En ambos casos, es lo que podríamos denominar como la inmediatez del hombre en su medio ambiental y profesional reflejados con acierto en dos retratos de situación. Cuestiones de las que el fotógrafo deberá ser consciente en el momento de accionar el obturador de su cámara.
Este tipo de retratos, el realizado en exteriores y con luz totalmente natural, no se puede catalogar como de categoría inferior al realizado en interiores ambientados o en estudio. Ambas formas de retratar y sus resultados son iguales de dignos y necesitan de parecida preparación previa, aunque como es de suponer, retratando en exteriores se dispone de luz natural y, por lo tanto, el fotógrafo no tiene que estudiar cuidadosamente la posición de los focos y de su modelo.
En la figura 1.10 observamos un retrato realizado usando el estilo del reportaje, plasmado en instantánea.
Como se puede comprobar, aquí no se ha tratado de hacer un estudio sobre el personaje y reflejar la personalidad del mismo. Aunque es cierto que podemos deducir un mínimo de características sobre la mujer que aparece en la fotografía, poco podemos percibir acerca de su carácter e inquietudes.
 Figura. 1.10. Lo natural y lo cotidiano se mezcla consiguiendo un ambiente distendido para la realización del retrato.
Este retrato, realizado con luz artificial (una sencilla deducción al comprobar la sobreexposición del exterior que aparece detrás de la mujer), está dentro de lo que podríamos definir como una correcta y simpática fotografía sin más pretensiones.
La mujer sonríe, no mira a la cámara, se encuentra en un establecimiento público y parece alegre. El observador no puede deducir si esta mujer está de paso, tiene algo que ver con el establecimiento, es una oficinista, una ejecutiva o, simplemente, pasaba por allí. En resumen, que si la retratada tiene relación directa con el entorno en el que está situada o, simplemente, es un contexto casual. El caso es que para la protagonista de la imagen, esta foto puede suponer un divertido recuerdo. Finalmente, el caso contrario lo encontramos en la figura 1.11.
 Figura 1.11. El encuadre de este retrato y la actitud del personaje consiguen formalizar la imagen de una doctora. 
En este retrato, la evidencia es incuestionable. Nadie puede dudar de que estamos ante una mujer joven, profesional de la medicina, situada en su contexto habitual y que se encuentra disfrutando de un momento de descanso durante su jornada de trabajo. El retrato tiene un tratamiento diferente a todos los anteriores, ya que el plano es más abierto de lo usual en esta especialidad, y el encuadre se sale de las normas clasicistas que rigen este tipo de fotografía.
En cualquiera de los casos, aquí como en otros ejemplos analizados anteriormente, la imagen se ajusta a las intenciones fotográficas que caracterizan un retrato de carácter: situar al personaje en su contexto. Sin embargo, fotografiar a una persona fuera de su contexto habitual no significa que se renuncie al retrato. Existen otras peculiaridades que, bien utilizadas, serán de utilidad en el momento de hacer un retrato en exteriores o en cualquier otro lugar ajeno al personaje.

 

Deja un comentario