Mitologías de Manuel Vilariño.

2014.02.13

PARTE DE UN TEXTO DE LA PUBLICACIÓN REVISTART: http://www.revistart.com/
ESCRITO POR JORDI GARRIDO.

Mitología f. Dícese del conjunto de mitos de un pueblo o de una cultura, a través de los susodichos tratan de dar una explicación coherente al universo.

BAJO EL MISTERIOSO título “Mitologías”, Manuel Vilariño, nacido en La Coruña en 1952, Premio Nacional de Fotografía y poeta, presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de su tierra natal la primera gran exposición antológica del fotógrafo en tierras gallegas en los últimos diez años.
En esta muestra podremos constatar, mediante el medio centenar de obras expuestas, la particular concepción del arte del propio Vilariño, adentrándonos en un mundo que se aleja de los cánones  habituales para cambiarlos por un único mandato válido: la estética. Una estética muy particular caracterizada por una estructura rizomática→ (modelo arbóreo o jerárquico tradicional de organización del conocimiento) de luto, drama, pulsiones freudianas (principalmente la de Tánatos→ personalización de la muerte) y una difícilmente perceptible esperanza de que algo suceda en ese taciturno entorno en el que deambula su arte.
Habitualmente se define a Manuel Vilariño como un maestro de la ‘still-life’, la naturaleza muerta. Sin embargo, a lo largo de su carrera ha mostrado su particular punto de vista a través de la mira de su cámara con respecto al retrato femenino, el paisaje, a los animales en su impactante serie “Bestias involuntarias”. En ésta, bajo la constante sombra de la muerte, relacionó animales con herramientas en una reflexión filosófica sobre el ser imaginario y la bestia entendidos como mitos abstractos, como una exploración de la naturaleza del objeto en sí, en una divagación que bien nos puede remitir al pensamiento de Heidegger en su “Origen de al Obra de Arte”. Paraíso Fragmentando.
No obstante, el talante lúgubre y tanático que la obra de Vilariño adquiere encuentra una explicación en el título de esta muestra antológica: ‘Mitologías’. En absoluto pretende trazar una mitología víctima de la añoranza grecorromana, así como tampoco trata de trazar una distopía →(sociedad ficticia indeseable) de futuro contra la que guerrear. Más allá de toda la estética de lo funesto, lo que el fotógrafo gallego parece querer mostrar en sus instantáneas son sus pulsiones, el engranaje más pequeño, simple y a la vez poderoso de la gran máquina que es la mente humana. Unas pulsiones, que a través del proceso de sublimación sólo practicable por algunos privilegiados que el genio del psicoanálisis S. Freud determinó como artistas, pueden de venir obras de arte.
Cabe también la posibilidad de interpretar las obras Manuel Vilariño como un palimpsesto→(manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente) de alusiones apotropaicas→(dicho de un rito, de un sacrificio, de una fórmula), reminiscencias romanas de imágenes que servían para ahuyentar (o llamar) a los malos (o no) espíritus. Esta dimensión antropológica de su obra se puede leer como un enigma lanzando al espectador, del que se requiere un esfuerzo para adentrarse en una obra casi etérea y paradójica que conduce a un inequívoco ya conocido por los artistas siglos atrás: la melancolía. Una melancolía que deviene una potente fuerza motriz para el creador que la sepa aprovechar, siendo perfectamente equiparable con las ya mencionadas pulsaciones freudianas de eros (dios griego del amor y el sexo) y tánatos (personificación de la muerte), que requieren de un talento de aprovechamiento para poder ser sublimadas y transformadas en arte. Lenta Desaparición.
Las ‘Mitologías’ personales que Vilariño construye no se enclaustran en un solipsismo→(forma radical de subjetivismo) egocéntrico aislado e impermeable para con el exterior, sino todo lo contrario, pues mediante las ya mentadas→(célebres) imágenes apotropaicas (que no son otra cosa que interpretaciones de imágenes arquetípicas→originales), abre sus obras a una especie de subconsciente colectivo del que todos formatos parte de una forma u otra. Sumiéndonos en la contemplación de los difuntos animales que protagonizan las instantátaneas del poeta-fotógrafo, nos encontramos con escenas dantescas que tan pronto nos muestran a una alimaña retratada de forma monumental como nos muestran al cadáver de una ave tan simbólica como es la lechuza reposando sobre un lecho de especias como si de un túmulo→(sepulcro levantado de la tierra) funerario se tratase. Sin embargo ninguna de las obras con las que el espectador se enfrenta en el decurso→(continuación del tiempo) de esta exposición muestra indicio alguno, tan siquiera un mero atisbo, de corrupción de la carne muerta de los cuerpos de los animales. Con este reseñable hecho tal vez el autor intenta obviar la crudeza e inevitabilidad del proceso de putrefacción que termina por descomponer todos los cuerpos que pisan este mundo, dando la impresión de que los protagonistas de las imágenes no han sucumbido a la llamada de la Parca→(muerte), sino más bien de que han sido embriagados por los dulces susurros de Morfeo→(hijo del dios griego de los sueños).
‘Mitologías’ nos ofrece pues una reflexión a distintos niveles a través de fotografías ampliamente trabajadas, talmente como definió Erwin Panofsky en su método de análisis. En su primer nivel nos podemos quedar en un estrato superficial que es la pura estética de la obra; en un segundo estrato podemos entrar ya a divagar sobre la importancia del contenido de las imágenes, dando éste pie a un último estado de reflexión en el que se analiza el significado del conjunto, llevando al espectador hasta donde quiera llegar, incluso a preguntarse el sentido de la vida.

 

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