Andrés Serrano. Hablando de lo único.

2011.07.07

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

ESCRITO POR LOLA GARRIDO.

Andrés Serrano se dio a conocer masivamente por aquello que se encuentra más alejado del arte: la censura. El escándalo propiciado por una fotografía considerada obscena le catapultó por todo el panorama internacional. Serrano demostró que no sólo era un provocador, sino que la categoría de sus imágenes iba más allá del mero escándalo. Sus posteriores trabajos le han posicionado en uno de los lugares de privilegio del arte actual y su obra ha ido adquiriendo una consistencia y profundidad que hacen de ella un clásico de la fotografía contemporánea, lo cual no es una contradicción aunque suene como tal.

La obra artística de Serrano cabalga siempre entre la dualidad y ello es resultado de la mezcla de sangres y culturas. Nacido en el neoyorkino barrio de Brooklyn, creció en la zona italiana de Williamsburg, hijo de afrocubana y hondureño, su difícil niñez, —ya que rara vez vio a su padre, embarcado continuamente en un barco mercante—  a lo que hay que unir las dificultades de su madre, que jamás llegó a hablar inglés, están presentes a lo largo de todo su trabajo artístico. Su cultura visual, eminentemente latina, y su desarraigo pueden ser la causa de su iconografia religiosa y transgresora.

“Pieta” Andrés Serrano 1985.

Su estilo es una suerte de violencia y de imágenes que recurrentemente tratan sobre la muerte, el cuerpo y sus fluidos en una trama desasosegante que tritura nuestras miradas buscando herir la sensibilidad. Serrano es un artista de color que evita el blanqueamiento de las imágenes. La violencia está ahí y él nos la presenta sin un ápice de obviedad. Las escenas de morgue, de suicidados, su trabajo sobre Budapest son escenas llenas de inmovilidad que se transforman, una vez captadas por su cámara, en parte de representación de pequeñas obras teatrales brúscamente paralizadas como en los planos de Andrei Rublev.

Acostumbrados a ver insistentemente desgracias que sesuceden rápidamente ante nuestros ojos y que nos son retransmitidas en vivo y en directo en la pantalla de nuestro televisor dejándonos insensibles al horror, estas imágenes estáticas limpian nuestras miradas para devolvemos al estado natural de la conmoción.

Las fotos de Serrano no intentan blanquearnos lo real, como tampoco presenta cuerpos idealizados, ni siquiera en su última serie de musculosas body building. Él hace retratos figurativos de personas que son como mercancías, de muertes silenciosas que salvan a sus protagonistas de la amnesia, de unos tiempos en los que la soledad errancia seha instalado en los más débiles.

Su manera de fotografiar clásica, con luces y sombras y composiciones de las grandes obras clásicas, forma parte de la esencia misma de la obra. Así, en sus retratos de muertos hay un homenaje explícito desde el conocimiento y desde la incertidumbre, que es el lugar desde donde se debe hablar.

“Nomads (Sir Leonard)” Andrés Serrano 1990.

El hombre es un ser que vive entre dos grandes miedos: el nacimiento y la muerte. Hablar de la muerte es hablar de lo único, de aquello que decididamente nuestra civilización ha decidido obviar. Sin embargo, mientras más se oculta más presente está. Ya la última publicidad habla de ella y donde antes nos prometía paraísos o seguridades con un coche, una copa o un cigarrillo, ahora nos habla de que el fumar mata, la carretera mata y el alcohol destruye. Tiempos duros y difíciles que hace ya mucho tiempo el arte ha tratado. La obra de Serrano es una obra catártica escatológica, una obra propia de las convulsiones de final de siglo. Así, ha trabajado con todos los fluidos corporales: sangre, semen, orines; con cabezas de animales, con iconografías de violencia y religión. Sus ancestros latinos y europeos están latentes en toda la primera parte de su obra y se declara deudor, como no podía ser de otra forma, tanto de Buñuel como de Goya.

Los juegos visuales de Serrano sostienen un diálogo que acaba en ocasiones con el título de sus obras, siendo esto evidente en la cabeza de carnero situada en un pedestal y titulada igual que el conquistador “Cabeza de Vaca”. lronía y denuncia juntas, para redundar en lo representado. Cuando trabaja con los fluidos es porque, como todo hombre preocupado por la muerte, es un vitalista y sabe que la vida es fluido vital, que la vida es sacrificio y el cristianismo se basa en el padecimiento. Su discurso es coherente y simbólico, cosa que muchas mentes planas no están dispuestas a aceptar.

“Cabeza de Vaca” Andrés Serrano 1984.

El poder de sus fotografías viene dado por la utilización de objetos situados en el centro del plano, para lo cual enfatiza el detalle, desarrolla el escenario evitando lo anecdótico, y con ello logra una simplicidad que magnifica con la claridad formal. Conocedor no sólo de símbolos, sino de estilos artísticos, la obra de Serrano pasa por reminiscencias del arte simbólico de Mondrian y Malevich a recursos de los retratos de los pintores religiosos de la escuela española, a las luces y sombras de la pintura flamenca e italiana. Es este retrato de la serie Budapest realizada en 1994 uno de los menos duros de toda ella, es resumen de todos los elementos referidos, es una imagen sencilla de forma y compleja de concepto. La religiosidad y ensimismamiento de la señora apoyada logra la ambivalencia de la “pintura” utilizando la fotografía y la obra, como todas las suyas, descubre intencionadamente más preguntas que respuestas. Serrano es un fotógrafo que busca las contradicciones y además se plantea la larga tarea de echar por tierra las convenciones acerca del buen gusto descubriendo con su trabajo que esto no es sino ilusión y producto de un “orden social”. Como él dice: existen ciertos grupos que se ocupan de decidir normalmente qué es lo desagradable en los museos o galerías, ¿quién decide lo que es normalmente ofensivo de su gusto?

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