La perdida de la inocencia.

2011.09.19

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

Un capítulo no muy conocido de la historia de la fotografía es el que protagonizaron los fotógrafos Mayer y Pierson. Fue gracias a ellos que la fotografía fue reconocida por primera vez de modo oficial como obra de arte. Corría el año 1863. La fotografía era un medio tan joven e “intruso”como comercialmente exitoso. Los fotógrafos más conscientes de las posibilidades expresivas del medio fotográfico se mostraban unánimes en sostener que la fotografía se relacionaba con el arte y no con la industria. Pero casi todos los artistas le negaban al nuevo medio “mecánico” la dignidad de la asimilación a la obra de arte.

Julia Margaret Cameron. Paul y Virginia, 1865.

La discusión sobre la condición “artística” o “artesanal “, incluso “mecánica” de la fotografía, que enfrentaba violentamente a artistas, artesanos y literatos contra los profesionales que no dudaban en anteponer su condición de “artistas” al oficio de fotógrafos, acabó en los tribunales. En uno de los procesos que, después de pasar por varias instancias llegó a ser célebre, el de los fotógrafos Mayer y Pierson contra Betheder y Shwabe, la justicia francesa decidió finalmente que había que reconocer la fotografía como obra de arte.

El aspecto más dramático de aquel proceso es que los acusados, Betheder y Shwabe, ¡también eran fotógrafos! Paradójicamente, es dentro del propio gremio donde encuentra la fotografia la mayor rémora en su largo camino en ser reconocida como arte por la sociedad, además de los tribunales de justicia.

Lewis Carroll. Alicia Liddell como niña mendiga, 1962.

Santiago Ramón y Cajal nos ha dejado uno de los pocos testimonios escritos de la incipiente actividad de los fotógrafos en nuestro país. En su libro “Mi infancia y juventud ” relata la impresión que le produjo la fotografía allá por 1868, en la ciudad de Huesca, en la que, años antes, “había topado con tal o cual fotógrafo ambulante, de esos que, provistos de tienda de campaña o barraca de feria, cámara de cajón y objetivo colosal, practicaban, un poco a la ventura, el primitivo proceder de Daguerre”. Sobre las inquietudes científicas o artísticas de aquellos fotógrafos, Ramón y Cajal cuenta que “de la contestación a mis ansiosas interrogantes deduje que a ellos les traía completamente sin cuidado la teoría de la imagen latente. Lo importante consistía en retratar mucho y cobrar más”.

Maurice Guiber. Toulouse Lautrec, 1892.

La perdida de la inocencia… artesanal será la primera gran conquista artística de la fotografía. Y este capítulo determinante en la historia del medio fotográfico es protagonizado mayoritariamente por aficionados ilustres, los primeros en descubrir y explorar la verdadera esencia de la fotografía de retrato: captar con la cámara la expresión profunda de una existencia humana, más allá de la mera representación superficial de la fisonomía de una persona. Insinuar bajo la piel, más que mostrar la “cosmética”.

Oscar Gustav Rejlander. Mr. y Miss Constable, 1866.

A ésta pérdida de inocencia de la definición gremial seguirá otra mucho más profunda, de orden intelectual: la sustitución del pictorialismo —fotos de Cameron y Rejlander en estas páginas—  por la intencionalidad —Carroll y Cuibert—. El lenguaje fotográfico nacía con los retratos “no autorizados”.

Deja un comentario