Arquitectura de interior. Texto para analizar.

2012.11.30

Escuela de Arte, Huesca. Ciclo de Fotografía. Fotografía Artística II.
Texto entregado para esta unidad didáctica por el profesor Armando García Ferreiro.

“El mundo es percepción, nosotros lo creamos”.

“Llamarían “defecto” a esta capacidad de ver distintos los lugares acostumbrados cuando ha cambiado alguna de sus circunstancias. Lo llamarían incapacidad, dificultad para la síntesis que procura el reconocimiento eliminando lo accesorio. Pero, verán: nada es accesorio. Un prado bajo la lluvia no es el mismo prado; una calle en la luz de la mañana no es la misma calle que de noche, iluminada por los foco. Y no es que se le añada simplemente la lluvia al prado o la proyección de la luz a la calle, no, es que aquello a lo que mi atención se dirige no es lo mismo, es que no veo lo mismo. La calle nunca es la calle, sino un cúmulo de observaciones que se repiten y otras no. 
 Fotografías de “Torre Calcetín”, en marzo y noviembre de 2012 Paula Juan Altemir.

Poner la importancia en aquellas que se repiten en detrimento de las que no o vice-versa: ésta es la cuestión. Lo primero atañe a la vida práctica, lo segundo es otra historia. Ver más información del artículo

ROBERT MAPPLETHORPE. Con él llegó el escándalo.

2012.11.22
TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19
ESCRITO POR LOLA GARRIDO.
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Si hay algún fotógrafo que consiguió escandalizar a una manada de puritanos ése fue, sin duda, Robert Mapplethorpe. La censura de sus fotografías en una exposición celebrada en 1989 en Washington en la Corcoran Callery, titulada “The perfect Moment”, y que fue anulada, hizo más por su obra que su talento.
Nacido en Nueva York en el año 1946, sé formó en el célebre Pratt lnstitute de Brooklyn. Durante los sesenta comienza a publicar en “lnterview” (la revista editada por el “papa” del pop: Andy Warhol) una serie de retratos de personajes célebres de esa época en la que por las calles de Nueva York era posible ver al mismísimo pintor vender los números de su revista.
Involucrado en los ambientes musicales y artísticos de su ciudad, su vida es un compendio de enciclopedia de actitudes de esos medios. Asiduo de los ambientes gays del bajo Manhattan, son sus retratos homo-eróticos los que le llevan a ser conocido por el gran público.
Mapplethorpe en la época del sexo-duro, antes de la conmoción del Sida, frecuentará todos los templos del sadomasoquismo, las estrellas de los lugares más cutres, y de ellos retratará sus prácticas, sus símbolos, así como todas las figuras emblemáticas de esos lugares.
Lo que más molesta, sin duda, de ese trabajo es que retratando lo más caliente lo haga de una manera distanciada, muy localizada, sin ningún atisbo de emoción. Un hombre obsesionado con la belleza, un hombre obsesionado con el sexo. Posiblemente, un hombre obsesionado con la fama que encuentra por su calidad artística, con el éxito. Ver más información del artículo

Moholy-Nagy. El artista pluridisciplinar.

2012.02.04

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

ESCRITO POR LOLA GARRIDO.

László Moholy-Nager nació en Bácsborsód (Hungría) en el año 1895. Cursa estudios de Derecho en la universidad de Budapest y durante esos mismos años escribe en diversas revista de vanguardia, varios poemas titulados Licht-Visión. Es herido en el frente ruso y durante su convalecencia en Odessa en 1919, decide consagrarse definitivamente a la actividad artística. Se adhiere al grupo húngaro de vanguardia MA. Deja su país y se instala en Viena en 1921 y allí conoce a Hannan Höch. Esta le regala un fotomontaje hecho por ella, lo que le llevará a interesarse por esta técnica innovadora. Más tarde abandona Viena y se instala en Berlín donde se muestra fascinado por la tecnología, por el constructivismo y el dadá. Sus primeros collages y pinturas geométricas datan de esta época berlinesa.
Contrae matrimonio con la fotógrafa Lucía Schultz que es quien le inicia en la fotografía y comienza a realizar sus primeros fotomontajes.
Cuando se crea la República de Wéimar, Walter Gropius, el cual dirige la célebre escuela de Bauhaus, le llama como profesor y es allí, en 1925, donde se publica el mítico Pintura, fotografía y film que marcará un hito en estas disciplinas artísticas. A partir de ese momento determinado abandona la Bauhaus para dedicarse al collage y a la decoración teatral en Berlín, en el célebre teatro Piscator.
Es el inventor del término cinetismo y en ese momento realizar alrededor de ocho filmes. Cuando se traslada a vivir ala ciudad de Amsterdam comienza a probar el uso del color tanto en cine como en fotografía. Su sed de aprendizaje y causas de diversa índole hacen de Moholy-Nagy el eterno exiliado, las residencias en diferentes ciudades sesuceden y recala en Londres, ciudad en la que trabaja como grafista en películas y hace ilustración para algunos reportajes. En 1946 emigra a los Estados Unidos donde volverá a la enseñanza en la nueva Bauhaus que se crea en Chicago y cuando ésta se cierra, crea su propia escuela, School of Design of Chicago, con la ayuda de su segunda esposa, Sibyl. Es en estos años en los que se consagra a escirbir su gran obra teórica: Vision in Motion, que aparecerá después de morir de leucemia en esa ciudad norteamericana.
Para Moholy-Nagy, “no existe imagen más sorprendente ni más simple que la secuencia fotográfica natural y orgánica. (…) Por el sentido de sus partes, separadas pero inseparables, una secuencia fotográfica adquiere al mismo tiempo la fuerza de un arma y el lirismo de la ternura”.
Moholy-Nagy es el proptotipo de artista de los años 20, años del regreso del Orden, de las búsquedas y alianzas entre el arte y la industria.

La Bicicleta perdida de Marcel Duchamp.

2011.08.21

TEXTO LITERAL DEL Nº 13 DE LA REVISTA EASY_50

ARTISTA MARCEL DUCHAMP: http://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Duchamp

ESCRITO POR RICARDO BADUELL: http://refinerialiteraria.wordpress.com/

En Nueva York, en un rincón del MoMA, se encuentra detenida fa rueda de bicicleta que Marcel Duchamp, entre las dos Guerras Mundiales, plantó invertida sobre un banquito para sorpresa, deleite o desconcierto de sus contemporáneos. Poco antes de la Caída de las Torres, yo mismo me encontraba en Nueva York y en el MoMA, ante esa rueda que otros turistas, a su vez, rodeaban. Bueno, no esa rueda exactamente, sino otra, igual de redonda, explicó la guía, aunque casi seguro no la otra, pensé yo, de la misma bicicleta, sino otra, otra cualquiera, con la que el mismo Duchamp, artesano, rehizo su invención una vez que el original, perdido, hubo rodado fuera de su alcance. Existen fotografías que muestran a una de las dos piezas en la desordenada habitación de Duchamp, compartiendo el azaroso momento con otros adornos, herramientas y objetos de uso diario. Pregunté a la guía del grupo sí la rueda giraba y ella, con la sonrisa de las maestras que han logrado abrir el pico de uno de sus polluelos, giró hacia mí y nos informó a todos que efectivamente ésa era la intención: cuando la rueda se expuso por primera vez se esperaba, contrariamente a lo habitual en este tipo de eventos, que los visitantes se acercaran a la obra y “participasen” poniéndola en acción; algo común en fos tiempos que corren,  ya aturdidos por el concepto de “interactividad”, pero no entonces, cuando empezaba a comprenderse que a los impresionistas había que mirarlos de lejos; de todos modos, en la actuafidad toda participación estaba prohibida, debido al deterioro que el contacto,

Retrato de Marcel Duchamp realizado por Irving Penn.

inevitablemente excesivo, terminaría acarreando al ready-made. Pensé que Duchamp no había reparado el Gran Vidrio, que cualquier obrero manual al menos tan calificado como él (aunque no tan renombrado) podría reconstruir o reponer lo que ya había sido repuesto y, halagado por el anterior reconocimiento de mí perspicacia, observé que aquí la conservación del objeto iba en contra del sentido de la obra. Sin una palabra, con una sonrisa china que la convirtió inmediatamente para mí en la curadora ideal de cualquier muestra, la guia dejó en suspenso ese sentido y en perfecto equilibrio el trabajo def artista y el del museo: crear y animar signos, proteger el legado cultural. Todo había sido dicho entre nosotros: en su estado latente, la rueda giraba; pero era demasiado tarde para que los visitantes, de hecho, la hiciésemos girar. El museo, ya cerrado en este sentido, protegía su propiedad, cuyo valor de reventa jamás podría restituir el hipotético obrero que la actitud de Duchamp autorizaba. Obra sin firma, fa firma le era adjudicada por el establishment cultural y la arrebataba así a las masas, no sólo una vez sino a lo largo de todo el tiempo. Ante esta forma sutil de la censura, sólo cabe la ironia para ponerse a un lado e interpretar a la autoridad. Pues aquí, como en las religiones, la obra, por inalcanzable, pierde su cuerpo para dejar el sitio a una imagen, la del objeto que no puede tocarse, y a un mito, su creador insustituible, que cierran el paso a lo anunciado. ¿Qué oculta y a la vez muestra el movimiento detenido, en la quietud consagrada del orden previsto, sino el paso del tiempo y con él, en su seno, el ascenso de lo pequeño que crece y la caída de Aquello que ya no se sostiene?

John Coplans. Self portraits (autorretratos).

2011.04.20

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA  50_EASY, Nº13: http://www.welovecolophon.com

TEXTO DE ITZIAR BADÍA.

Jamás veremos su rostro, el mapa que atestigua sus ochenta años de edad. Sus ojos son el misterio que se oculta y a la vez la herramienta que da luz al resto de su cuerpo. Su cuerpo: soporte y obra de arte que se nos presenta desplegado, fragmentado en un rompecabezas que intenta expresar todos los cuerpos, el Ser Humano. John Coplans hizo un trueque de palabras por imágenes a los sesenta años. Abandonó su labor como escritor, curador y crítico de arte para cruzar el puente y dejar atrás el verbo. Se sumergió en la imagen pero de modo inverso al común de los fotógrafos. Coplans abre los ojos pero no para mirar y capturar el exterior, el entorno, el mundo. El viaje de este fotógrafo norteamericano tiene un trazado tan íntimo y cercano que la figura se descompone, se disuelve en pequeños retazos de ser.
“Es como soñar despierto. Me adentro en un viaje a través de mis genes, de mis ancestros, hombres y mujeres. Es un viaje al pasado, al origen del hombre, a nuestra esencial naturaleza”.
El cuerpo fragmentado de Coplans que compone la muestra “Autorretratos” es en sí un manifiesto, una superación del individuo al no enfocar en ningún momento aquello que nos singulariza: un rostro, una identidad. Expone su piel como un envoltorio común, una placenta que nos alberga y representa sin cuestionamientos. Sus escorzos y primeros planos obligan a repensar y reflexionar sobre aquello que nos es más próximo y a la vez tan ignorado: nuestro ser físico y su metamorfosis a través del tiempo.

Iconoclasta, John Coplans arremete contra la cultura de los cuerpos mediáticos, disecados y embalsamados en plena exaltación de la falsa eterna juventud. “Todo es una cuestión de cómo nuestra cultura percibe el proceso de envejecer: que viejo significa feo. Si pensamos en Rodin vemos cómo trabajó con personas de todas las edades. Yo siento que estoy vivo, tengo un cuerpo… y puedo convertirlo en algo tremendamente interesante. Eso me mantiene vivo y vital. Consiste en dinamizarme a través de mi creencia de que la tradición clásica de lo que es arte que hemos heredado de los griegos no es más que una sarta de tonterías”.

TEXTO DE ADAN DE HAVENON

Poco después de ver las catorce fotografías de John Coplans que se presentan en la galería Kowasa de Barcelona. Yo deseaba que mi abuelo fuera tan aventurero. Coplans, un editor fundador de Artforum, comenzó a fotografiar su cuerpo desnudo a la edad de 60 En 1980, y ha continuado desde entonces, rechazar la definición de la sociedad de la belleza como una piel perfecta y un cuerpo joven.

Muchas de las fotos como la abstracción cercana de Coplans de su mano o pie, mientras que otros muestran su forma entera desnuda, en poses que esconden la cara. Uno puede encontrar la dura verdad en las arrugas, las cicatrices y las maravillosas imperfecciones. Coplans permite al espectador explorar su cuerpo, y el resultado no es el asco, pero la apreciación de las formas en que el tiempo esculpe la talla humana en un libro de historia visual.

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