Obsesión postal.

2013.11.22

TEXTO LITERAL REVISTA CITIZEN K (ESPAÑA): http://www.citizen-k.com/

ESCRITO POR L.F.

El fotógrafo estadounidense Walker Evans amasó una de las mayores colecciones de postales del siglo XX.

Imagen de artista desconocido del archivo de Walker Evans de 1994. Future New York, The City of Skyscrapers de un archivo Walker Evans, (alrededor de 1910).

En 1994, el Metropolitan Museum de Nueva York compró la vastísima colección de fotografías y documentos del archivo del estadounidense Walker Evans (1903-1975), quizá el mejor retratista de la depresión capitalista y de la América rural desde la impresiones en gelatina de plata de sus más conocidas instantáneas. Casi seis décadas de actividad, desde una primitiva Laica hasta la Polaroid que usaba en 1974, que le convirtieron en un maestro de lo documental por su estilo frío, severo e imparcial, en total oposición al fuerte (y hegemónico en la época) simbolismo y esteticismo de Alfred Stieglitz y Edward Steichen. Su contundencia y sobriedad mostraron el camino a la fotografía contemporánea, ya fuera retratando a los granjeros arrendarios de Alabama o los seductores carteles publicitarios de la gran ciudad. En su archivo, además de 30.000 negativos de blanco y negro y 10.000 diapositivas de color, se reservaba una enorme variedad de objetos: diarios, relatos breves, recortes de la revista Fortune, medio siglo de correspondencia (las cartas recibidas y copias en carboncillo de las enviadas) y 9.000 postales. No resulta extraño que Evans se viera atraído por esta manifestación sencilla pero tremendamente expresiva de los tópicos de su país. Sus instantáneas supieron revelar la poesía oculta en los escenarios más prosaicos, desde las repetitivas calles de las ciudades provincianas del medio Oeste, hasta las minas de carbón o los vagones de metro. Y estas postales, fechadas entre 1.900 y 1.920, suponen su particular reconstrucción de toda una época iniciada en su misma infancia —entonces el formato era una novedad— y proseguida cuando aún no había tomado la cámara y tratada de sobrevivir como editor de la revista Fortune (1945-1964) o en los últimos años de su vida. Un imaginario atesorado lámina a lámina durante sesenta años, que Evans conservaba con extremo mimo, superior al que dedicaba a otras colecciones (como la de Ver más información del artículo

El ferrotipo.

2012.01.27

El ferrotipo era un sistema de positivado directo que se comenzó a desarrollar en un principio en Francia sobre 1853, por el fotógrafo y profesor Adolph Alexandre Martin (1924-1825), a partir del proceso del colodión. En Estados Unidos, el profesor L. Hamilton Smith (1819-1903), recogió la idea de Martin y experimentó con la toma de fotografías positivas de colodión, que resultaría posteriormente el llamado ferrotipo patentándolo en 1956.

Este proceso antiguo estuvo comercialmente en uso hasta 1920, aunque desde 1915 entró en declive.

Las llamadas Hidden Mothers (Madres ocultas) crearon todo un género en los albores de la fotografía con los ferrotipos.

El ferrotipo es una variante del proceso del colodión húmedo y al igual que el daguerrotipo, la imagen se fijaba en una placa de metal expuesta en la cámara, pero el metal era acero (hojalata) o hierro en lugar de cobre. Esta placa se lacada por ambas caras con barniz japonés negro o café en lugar de plata. Luego se sensibilizaba con colodión y nitrato de plata justo antes de la exposición en la cámara oscura. El ferrotipo era un negativo en su formación química y aparecía como positivo debido a la placa negra.

Dos empresas estadounidenses empezaron la producción de placas de metal lacada. Peter Neff obtuvo la patente del profesor Smith, llamando a su producto “melainotype” (del término griego melanio que significa oscuro o negro) y su rival, Victor Griswold, lo llamó ferrotipo (del término latín ferro que significa hierro).

Las imágenes obtenidas eran bastante planas predominando los tonos grisáceos y pocos contrastados. En ocasiones se barnizaban para aumenta el grado de protección y darle cierto brillo.

Con frecuencia reproduce el sistema “paquete daguerriano” (una especie de estuche) hasta el año 1865, llegándose a confundir con los ambrotipos que se mostraban de esta forma. Después era habitual su presentación en una especie de ventana recortada de papel, con formato de carta de visita y en ocasiones insertos en álbumes de estilo modernista.

La poca fragilidad del metal que soporta la imagen, la facilidad para la toma, así como su precio asequible, le dieron popularidad a este proceso fotográfico e hicieron posible que a diferencia de otros “positivos directos de cámara”, su uso comercial se prolongase hasta las primeras décadas del S. XX. Durante la guerra civil norteamericana fue la forma de reproducción más demandada. Era un soporte muy ligero por ser una lámina muy fina y aguantaba los golpes y maltratos del correo. Por eso miles de soldados se hacen un retrato para sus familiares.

El ferrotipo nunca alcanzó la calidad de la imagen que se obtenía con el daguerrotipo.

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Moda & surrealismo.

2012.01.21

TEXTO LITERAL REVISTA CITIZEN K (ESPAÑA): http://www.citizen-k.com/

ESCRITO POR LAURENT DOMBROWICZ Y FOTOS, D.R.

La moda escapa de la rutina y se adentra en el subconsciente siguiendo la estela de Bretón, Dalí y Elsa Schiaparelli. Una tendencia que desafía la lógica.

Si la magia opera de forma cíclica, la moda se muestra más brillante cuando escapa a las reglas de la elegancia y, a veces, del buen gusto. De esta forma, en el momento en que la creación textil se asoció al surrealismo, la varita de las tendencias dio a la luz a una pareja de gran longevidad y creatividad. El movimiento surrealista, nacido en los años 20 de la mano de André Bréton y de un círculo de espíritus iluminados, identificó claramente este vínculo. Los intercambios entre moda y surrealismo fueron en ambos sentidos. La palabra clave: escapar a lo cotidiano, a la rutina, al modelo burgués. ¿Las formas de llegar allí? La insurrección perpetua, la puesta en duda de la razón y el cuerpo y la celebración de azar y de la ilusión.

A la izquierda, paisaje de un cuadro de Salvador Dalí y abrigo de ocho cajones de Elsa Schiaparelli, fotografiado por Cecil Beaton en 1936. A la derecha, todo el espíritu del subrrealismo de Schiaparelli en este sombrero Mystère con un broche de diamantes de Van Cleef & Arpels a modo de ceja (1949)

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España Dígame.

2011.04.04

Lo he escaneado tal cual, para que se vea la edición y maquetación de las fotografías. Estas imágenes pertenecen a una exposición que se realizó en el año 2006 en la Fundación Telefónica con fotografías de la España de los años veinte propiedad de esta empresa.

Fotógrafos de Luis Ramón Marín , Alfonso Sánchez García y Ramón Calret Artigas.

PUBLICACIÓN EL PAÍS SEMANAL: http://www.elpais.com/suple/eps

En los años veinte, los caminos se plagaron de postes telefónicos. La modernidad llegó en forma de mágicos hilos que dinamitaron las distancias y abrieron España al exterior. Un puñado de fotógrafos de la época retrataron aquel país de contrastes y aportaron una visión, aún inexplorada, de cómo éramos. Por Gabriela Cañas.

SUBIDOS AL FUTURO. La escuela de celadores de Barcelona, en plena clase práctica para tender hilos telefónicos en 1925. La foto es de Ramón Claret Artigas.

LA GRAN VÍA. Solar de la sede de Telefónica en Madrid, en 1926, visto por Marín.

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