Phil Stern. El cazador de divos.

2012.09.20

TEXTO LITERAL DE LA PUBLICACIÓN EL PAÍS SEMANAL: http://www.elpais.com/suple/eps/
ESCRITO POR LUCÍA MAGI.

Retrató con astucia la cara más espontánea  de la edad dorada de Hollywood. Sedujo con la cámara  a las estrellas.

El hombre que mató a Liberty Valance, John Wayne, soltó la máscara del intrépido vaquero y se dejó retratar en calzoncillos ceñidos y alpargatas durante unas vacaciones en Acapulco. O mientras apretaba, con ojos brillantes, la mano de su hija Toni vestida de esposa. James Dean, el rebelde sin causa, se escondió frente a su objetivo dentro del oscuro jersey. Anita Ekberg le abre la puerta de su piso, se tumba en el sofá, prepara un café y se sube el sujetador con la ingenua pretensión de cubrir el florido escote. Ellington, Duke por su proverbial elegancia, se deja sorprender mientras hace una mueca arreglándose el bigote. “Si hiera una lista de todos a los que retraté, la gente pensaría que soy un sobrado”, se ríe Phil Stern. Este fotógrafo estadounidense capturó en sus blancos y negros la época de oro de Hollywwod. Divos del cine y estrellas de jazz en los años cincuenta y sesenta. Aquel mundo, tan concentrado en salvar su apariencia centelleante, muestra en sus imágenes un lado oculto.

Sidney Poitier, Tony Curtis, Sammy Davis Jr. y Jack Lemmon en Goldwyn Studios.

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Marilyn en estado puro.

2012.08.06

TEXTO LITERAL DE LA PUBLICACIÓN EL PAÍS SEMANAL: http://www.elpais.com/suple/eps/
FOTOGRAFÍAS DE BERT STERN: http://www.bertsternmadman.com/
ESCRITO POR MANUEL VICENT: http://elpais.com/autor/manuel_vicent/a/

Realmente nunca supo qué le pasaba a su cuerpo, por qué de repente un día se le había llenado de tantas curvas mortales. A los 12 años, cuando era sólo una adolescente de los Ángeles y aún se llamaba Norma Jean Baker, se sorprendía de que los hombres volvieran bruscamente la cabeza a su paso con el peligro de romperse la nuca. A una edad en que cualquier niña apenas reconoce su propia sexualidad, ya se vio cercada por miradas de deseo que trepaban por su cuerpo como babosas: ésos fueron los primeros homenajes y también las primeras heridas que recibió, un hecho misterioso que al mismo tiempo la halagaba y la llenaba de pánico. Entre estos dos embates de admiración y lascivia comenzó Marilyn Monroe a ser zarandada por la vida hasta la madrugada del 5 de agosto de 1962, en que la criada Eunice Murray la descubrió muerta —boca abajo, con medio cuerpo fuera de la cama, el teléfono descolgado y un tubo vacío de Nembutal en la mesilla— en su casa de Brentwood.

Mientras el alma de esta chica luchaba con mucha dificultad por abrirse paso hacia el exterior a través de un cuerpo explosivo, todos los hombres que se acercaban a ella a su vez detenían siempre en la superficie su viaje porque unas formas detonantes les impedía ir más allá. Probablemente el interior de Marilyn sólo llegó Joe Di Maggio, y esa hazaña fue debida a la sensibilidad que este campeón del béisbol escondía bajo la aparente rudeza. Por otra parte, Marilyn no guardaba dentro ningún tesoro especial, sino los traumas de una infancia muy breada, siempre de acá para allá entre padrastros y orfelinatos. Hija de un padre desconocido y de una madre esquizofrénica, que tuvo que ser recluida en un psiquiátrico, Marilyn temía que la locura la visitara también a ella un día en medio de la gloria.

En la última sesión de fotos, que en 1962 Bert Stern realizó de la estrella en una suite del hotel  Bel-Air de Los Ángeles, el cuerpo más adorado de Norteamérica fue inmolado ante la cámara del fotógrafo dejando a la intemperie su alma lacerada. Atrás quedó una larga historia en que Marilyn había sido sacrificada en el circo a sucesivos leones mucho más carnívoros que los del coliseo romano en tiempo de Nerón.

Aparte de que algún pariente rompiera a la niña mediante violación y que luego ella se dejara devorar por algún tipo de su camada en la oscuridad de un callejón, el cuerpo de Marilyn comenzó a ser oficialmente majado, batido y molturado a los 16 años por un vecino, soldado de la Marina, Jim Dougherty, que sería su primer marido, del que se divorciaría en Reno al año siguiente. Después fue ofrecida al consumismo de camioneros con su desnudo de calendario y declarada “conejita del mes” por la revista Play-boy. Por su piel pasaron, sin dejar huella todavía, actores y directores de cine: Elia Kazan, el invitable Sinatra, el galán Yves Montand…, hasta terminar como una muñeca rubia a punto de romperse de un Kenedy a otro.

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La vuelta al mundo de Michael Kenna.

2012.07.23

TEXTO LITERAL DE PUBLICACIÓN TDLUX: http://www.dtlux.com

FOTÓGRAFO MICHAEL KENNA: http://www.michaelkenna.net/

ESCRITO POR JUAN PARRA.

 Un planeta en blanco y negro, entre la belleza y el misterio, al que hay que acercarse sin prisas para captar todo su significado. El trabajo de este fotógrafo inglés afincado en Estados Unidos lo han convertido en el mejor paisajista actual.
ESPLENDOR RUSO. Monasterio de Smolny, en San Pertersburgo (1999).
“Los lugares que fotografío son como amigos. Me gusta revisitarlos una y otra vez para profundizar en nuestra amistad”. Ni en la moda, ni el deporte, ni en el fotoperiodismo encontró Michael Kenna las posibilidades de la fotografía de paisajes. Ahora nadie maneja esta especialidad como él. Exposiciones largas, hasta de 10 horas, para plasmar la luz etérea de un amanecer o un atardecer en imágenes siempre en blanco y negro.

La fotografía del dolor. Sylvia Plachy.

2012.07.05

TEXTO ADAPTADO PARA EL BLOG EXTRAÍDO DE LA PUBLICACIÓN: http://www.elmundo.es/yodona/

SYLVIA PLACHY: http://www.sylviaplachy.com/

Richard Avedón dijo de ella: «Me hace reír y me rompe el corazón. Es todo lo que un fotógrafo debería ser». Sylvia Plachy ha sabido imponer su humanidad y sentido moral en una obra marcada por el sufrimiento, una ejemplar restricción que la ha convertido en maestra. Espido Freire habla con la autora.

Sylvia Plachy (Budapest, 1943) es una de las más destacadas fotógrafas del panorama actual. Afincada en Nueva York desde hace años, sus testimonios de las atrocidades cometidas en los países bajo el Talón de Acero y la visión intima, y al mismo tiempo testimonial, del dolor humano, la han convertido en una figura de referencia. Es madre de  Adrian Brody, Oscar al Mejor Actor por El pianista (Roman Polanski, 2002).

«El mejor hecho de tomar una fotografía supone una espera interminable. La espera interminable por el instante en el que la composición, la forma, el significado se unirán de manera repentina.» Sylvia Plachy parece hablar como si inventara la palabras y les diera un significado distinto. Como si tradujera de múltiples idiomas antes de elegir las frases y uno de esos idiomas fuera, precisamente, su complejidad emocional.

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La diosa del amor. Rita Hayworth.

2012.06.14

TEXTO LITERAL DE PUBLICACIÓN TDLUX: http://www.dtlux.com

FUE UNA DE LAS GRANDES ESTRELLAS DE LA EDAD DORADA DE HOLLYWOOD: LA MÁS ELEGANTE, LA MÁS DESEADA… LA MÁS PINTADA EN EL FUSELAJE DE LOS AVIONES DE LA II GUERRA MUNDIAL. 25 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE, RECORDAMOS A LA PRIMERA MUJER LATINA QUE SEDUJO AL MUNDO ENTERO.

Familia Cansino: su padre Eduardo Cansino, madre Volga Hayworth y hermano Eduardo Jr.Cansino.

En 1931, con sólo 13 años, aquella noeryorquina llamada Margarita Carmen Cansino, hija de un bailarín español de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) y una showgirl de origen irlandés e italiano, Volga Hayworth, comenzó su carrera artística. Lo hizo bailando junto a su padre en el espectáculo “The Dancing Cansinos”. Su familia se había trasladado cinco años antes a Hollywood, donde montaron su propio estudio de danza. Como Rita no tenía la edad mínima para trabajar en bares y clubes nocturnos, ella y su padre cruzaron a México y comenzaron a actuar en locales de Tijuana. Paradójicamente, fue allí donde el cine la descubrió, encarnado en Winfield Sheehan, vicepresidente de la Fox Film, quien la llevó a sus estudios para hacer una prueba de voz e imagen. Fue una suerte para Rita, quien anhelaba cambiar de actividad. “No me gustaba mucho la danza, pero no tenía el valor de decírselo a mi padre. Cuando tenía solo tres años y medio, tan pronto como pude ponerme de pie, empecé con las lecciones de baile. Ensayo, ensayo… En eso consistió mi infancia”, reconoció la propia Rita muchos años más tarde.

 UNA NUEVA ESTRELLA. Firmó contrato con la Fox y a los 16 años hizo su debut en la cinta de serie B “La nave de Satanás” (1935). Participó en varias películas de poca monta como actriz de reparto, muchas veces bailando y a los 18, ya casada con el empresario Edward Judson, quien se convirtió en su agente, dio el salto a Columbia Pictures. La productora necesitaba un gran potencial, pero hacía falta ‘deslatinizarla’ para convertirla en una estrella. Así, comenzó a usar el apellido de su madre y se tiñó el pelo de rojo —su color real era negro—; pero su estrecha frente, con aquel nacimiento del pelo tan cercano a las cejas que lucía, delataba sus orígenes. ¿La solución? Sesiones de electrodepilación. Entonces terriblemente dolorosas, pero eficaces: le ampliaron la frente y acentuaron su pico de viuda.

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El crepúsculo americano. By Gregory Crewdson.

2012.06.04

TEXTO LITERAL DE PUBLICACIÓN TDLUX: http://www.dtlux.com

Frustraciones y deseos convertidos en imágenes. El sueño americano no es tan dulce tras el objetivo del fotógrafo Gregory Crewdson. Horas de trabajo para crear escenarios de cine dan como resultado lo que ves.

TEXTO JUAN MAYORAL

Dylan on the Floor.

Concibe sus fotografías como una superproducción de cine. De hecho hay quien ve en él un director de fotografía más que un simple fotógrafo. Horas de minuciosa preparación a cargo de un complejo equipo, durante las que el mínimo detalle requiere de un infinito cuidado, precede al disparo que, en ocasiones, ni siquiera realiza él. Da igual. Lo que atrapa el estaunidense Gregory Crewdson (Nueva York, 1962) no es su exquisita ejecución, ni siquiera su depurada técnica o su concepción única del escenario. Todas esas características adornan sus fotografías, pero son las sensaciones que transmiten lo que cautiva de ellas; más allá de la estadística, el sentimiento que de ellas emana. Ver más información del artículo

Manuale d’amore

2012.06.01

TEXTO LITERAL PUBLICACIÓN VOGUE (ESPAÑA): http://www.vogue.es

Con la complicidad de la firma Mulberry, el fotógrafo CHRIS CRAYMER Rretrata el sentimiento amoroso en su libro Romance.

Tratar de capturar el espíritu de esa cosa llamada amor en una fotografía no debe ser tarea sencilla. Pero el fotógrafo londinense Chris Craymer parece haberlo logrado con el libro Romance (Bene Factum Publishing Ltd.). En él, 130 imágenes en blanco y negro o en color que retratan modelos, profesionales o no, pero siempre parejas en la vida real. La firma Mulberry, atraída por la belleza de estas instantáneas, no sólo patrocina el libro, sino que lo presentó en distintos actos en N.Y., Londres, Hong Kong y París, y exhibió las fotos en sus escaparates.

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Annie Leibovitz. Mi vida es mía.

2012.05.25

TEXTO LITERAL PUBLICACIÓN VOGUE (ESPAÑA): http://www.vogue.es

ESCRITO POR GABY WOOD.

Este artículo está publicado en el año 2008. Lo comento por situar las fechas.

Autorretrato de Annie Leibovitz junto a sus hijas Susan, Sarah y Sammuelle (2006).

Annie Leibovitz se siente destrozada. Ocuparse de tres hijas de corta edad resulta más agotador que trabajar, comenta, al tiempo que atraviesa con un andar pesado que ocupa su oficina en la planta baja de la casa. En lugar —tres edificios adyacentes en Greenwich Village, uno de los cuales es su casa— está reformado con una sencillez espaciosa: suelos sin alfombras, paredes de ladrillo sin revestir, butacas de cuero marrón y repisas de chimeneas sobre las cuales se apoyan amplios marcos con un collage de Walker Evans, un famoso beso de Brassaï, un retrato de Bea Feitler realizado por Diane Arbus, o dos páginas de la Encyclopédie de Diderot representando una cámara oscura. Entre este material clásico hay una pared entera dedicada al método con el cual Leibovitz se ha convertido, en palabras de Hillary Clinton, en «una gran cronista de nuestro país». En unas grandes páginas arrancadas de un calendario, cubiertas de Post-its de muchos colores, se refleja una operación que hubiera hecho palidecer al mismo Napoleón. Abundan los interrogantes en colores fluorescentes «¿Michelle Obama?» «¿Abu Dhabi?». Leibovitz pide a una asistente que vaya a por un café con leche y hielo, y me acompaña a una habitación donde ha estado reuniendo el contenido de un nuevo libro que está  preparando.

Tiene un retraso en los plazos de entrega y puede que este explique por qué su mente parece convertirse en otro lugar cuando sentamos a hablar.

Annie Leibovitz es la fotógrafa más famosa de nuestro tiempo, y la fotógrafa de las personas más famosas de nuestro tiempo. Una «retratista de la corte», según la describe el editor de su libro, Mark Holborn, cuya corte extiende desde el Palacio de Buckingham y la Casa Blanca, hasta la nueva guardería de Tom Cruise o el vestidor de Mick Jagger. En la actualidad trabaja para Vanity Fair y Vogue USA y, además de ser la autora de diversas y omnipresentes campañas publicitarias, también ha cosechado una popularidad incomparable como artista contemporánea. Es la única fotógrafa del mundo cuyas ventas de libros superan los 100.000 ejemplares en la primera edición; y sus exposiciones han alcanzado en repetidas ocasiones récords de audiencia en todo el mundo.

Todo hace pensar que Leibovitz, conocida por sus imágenes icónicas de personas famosas —John Lennon desnudo abrazando a Yoko Ono tan sólo unas horas antes de su muerte; Demi Moore embarazada como portada de Vanity Fair; Whoopi Goldberg bañándose en una de ellas. Se trata de una situación que, como describe Leibovitz, «redunda en tu beneficio y en tu contra». «Cuando andas con ella por un aeropuerto, alguien la para cada cinco segundos», comenta Kathryn MacLeod que, como productora senior de fotografía de Vanity Fair, ha viajado junto a Leibovitz durante 13 años. «Ella es muy tímida; por lo que resulta bastante chocante».

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El enigma de Verónica Lake.

2012.05.23

TEXTO LITERAL DE LA PUBLICACIÓN EL PAÍS SEMANAL: http://www.elpais.com/suple/eps

Todas las mujeres tienen secretos, decía una de sus más célebres películas. Pero los suyos marcaron una época y, seis décadas después, la convierten en el mayor icono de la temporada.

POR INÉS MUÑOZ MARTÍNEZ-MORA. FOTOGRAFÍA DE  EUGENE ROBERT RICHEE.

La dualidad femenina llevada al extremo, así era Veronica Lake, buque insignia de la Paramount durante los años cuarenta, época dorada del glamour en blanco y negro. Amenazante pero fascinante, sexy pero elegante, gélida pero carnal y de una belleza clásica pero intrigante… Lilith y Eva. Encarnó a la femme fatale dentro de la pantalla. Fuera, la fatalidad la marcó a ella. Acabó sus días alcoholizada, arruinada y olvidada. Murió a los 53 años y nadie quiso hacerse cargo de sus cenizas. Hasta este año, porque las últimas tendencias en belleza reclaman su ultrafeminidad encumbrada por el cine y de las cenizas de la diva han hecho resurgir con fuerza su tez pálida, sus cejas arqueadas, sus ojos ahumados, la jugosidad de su rouge labial y, sobre todo, su mítico peinado de ondas al agua -peek-a-boo-bang-, que no hacía sino acentuar tanta ambigüedad. Un arreglo capilar que causó furor entre sus algo más terrenales contemporáneas, entonces en fábricas por falta de mano de obra masculina. Muchas de esas ondas quedaron enganchadas en los engranajes de la maquinaria pesada y la emulación se elevó a problema de alcance nacional. El gobierno estadounidense acabó pidiéndole de manera oficial a la actriz que cambiará de peinado.

 

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Salvaje de la calle. Irving Penn.

2012.05.06

TEXTO LITERAL DE LA REVISTA FOTO: http://www.1arte.com/revistas.php?revista=19

ESCRITO POR  JOHN SZARKOWSKI

Esta es la 2ª parte de: “Penn cambió nuestro sentido del mundo”. Si quieres leer la 1ª parte pincha Aquí.

Refiriéndose a sus primeros años en “Vogue”,  Penn se recuerda a sí mismo, probablemente sin franqueza y desde luego hiperbólicamente, como un salvaje de la calle rodeado de gente sofisticada. Es seguramente cierto que el aspecto de sofisticación era en aquellos años el capital más apreciado de la revista y un capital que no se vendía barato. En 1949, Liberman dijo a Penn que se comprara un traje de etiqueta y se fuera a París a ver las nuevas colecciones, no ha trabajar, sino a familiarizarse con el mundo con el que estaba trabajando: como hablaba, andaba, comía, bebía y hacía negocios ese mundo. Penn difrutó mucho en ese viaje.

En 1950, fotografío las colecciones de París y produjo un serie de fotos que sigue siendo igualmente memorables y cambiaron las pautas por las que se juzgaría, durante algún tiempo, a las futuras fotografías de moda. Sus fotos no hacen referencia a argumento o circunstancia alguna, no hay sugerencias de viejos castillos o picnics perfectos o coqueteos deliciosos en salones eduardianos, o focos o mundos oníricos. No son relatos, sino simples fotos dentro de los límites de un vocabulario clásicamente simple, hacen una producción a términos pictóricos de la idea y del espíritu de trabajo de otro artista: el trabajo del modisto. Ver más información del artículo